29 may. 2007

En un punto no muy lejano del presente

Cronológicamente no tiene sentido contar la historia. El orden nunca ha sido mi fuerte. Más valdrÌa comenzar por un punto intermedio, un punto que se debata entre la locura, la cordura y la total falta de ganas de seguir adelante.
Este punto comenzó en septiembre del año pasado. Me habÌan corrido de mi trabajo (al que amaba profundamente) y hasta cierto punto estaba feliz... (sí cómo no, una de las cosas que más me han afectado de la bipolaridad es la confusión que me crea no saber en qué momento estoy feliz, en cuál triste, en cuál deprimido y en qué otro eufórico...)
Me habÌa librado de la vieja maldita que era mi jefa y me habÌan retribuido medianamente bien cuando salí. El problema es que en esos días entraron a mi casa y robaron varias cosas de valor. Entre ellas, una computadora nueva que compré con la liquidación y mi hermosa y adictiva Xbox. Ahí comenzó la parte más dura de las depresiones que he sufrido.
No me pude levantar. Me fue imposible. Pasaron días, semanas, incluso meses y no me podía despegar del sillón en el que me instalaba en la mañana y hasta la madrugada que era cuando conciliaba medianamente el sueño.
Un amigo me preguntó, ahora que me he recuperado de esa etapa: ¿Y la fuerza de voluntad, qué papel juega...? Y mi respuesta fue ¿cuál fuerza de voluntad?
Cuando uno está en ese nivel de depresión la fuerza de voluntad se convierte en un mito, en un recuerdo de tiempos mejores en los que la vida tenía todavía la virtud de provocar al menos un poco de entusiasmo. En el caso de una depresión tan profunda la fuerza de voluntad es sólo un recuerdo.

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