1 nov. 2007

De la navidad y el terror...


Ya llega el final del año y llega con todas las cosas negativas y positivas. Para los que tendemos a la depresión es una época especialmente negativa. Dicen los que saben que la luz de invierno, o más bien la falta de luz afecta negativamente en el ánimo de la gente.

Yo sí me deprimo en invierno y más en Navidad y mas todavía en año nuevo. Pero no creo que sea culpa de la luz y el frío. Es más bien por la falta de dinero para comprar los regalos, de la falta de dinero para poder viajar, de la falta de dinero para poder comprar tantas cosas que no sólo quiero sino que necesito.

Las reuniones, la cena, los amigos, las familias, la mía y la de mi esposa. Decisiones que se deben tomar. A quién se le da regalo, a quién no; con quién queremos ir, y con quién tenemos que ir. Y entonces vienen las discusiones y los enojos y ya lo veo venir y ya lo veo venir...

Por eso no me gusta la navidad, peo también tiene cosas buenas como, como... bueno cuando se me ocurra lo escribiré.


El año nuevo 2007
El 31 de diciembre de 2006 pasé una de la crisis emocionales más graves. Fue una de las noches que en serio no quisiera volver a vivir y sin embargo, dada su relevancia simbólica por ser el último día del año, la voy a recordar tristemente el resto de mi vida. Y lo peor es que mi esposa también lo hará.

Ya no recuerdo si seguía tomando medicinas, lo que sí sé es que no acudía a terapia psicológica. Y cómo me hubiera ayudado todo eso...

Después de discutir y discutir con mi esposa en la casa salimos en el coche para asistir a la cena en casa de una de mis tías.

Nunca llegamos. Dejamos esperando a toda mi familia y ese ha sido el primer año nuevo que no estamos juntos.

Exploté en el coche, a unos metros de la casa. Grité, maldije, exploté, lloré. Estacioné el coche y salí corriendo para no causar más desorden. De pronto sentí miedo de chocar, de golpear a mi esposa, de lastimarme yo solo.

Salí de carro, caminé una cuadra y lloré con la cara pegada a una barda. No sé cuánto tiempo pasó, quizás dos minutos, quizás 20, luego regresé al coche y me di cuenta de que antes de salir golpeé la salpicadera del coche con el puño y lo abollé, golpeé el volante y me lastimé. Y mi esposa estaba como vacía. Vacía de tanta tristeza, de tanto enojo, de tanto miedo.

Hablé con mi madre y le dije que no se preocupara, que todo estaba bien, diarrea...
Regresamos al departamento y me tomó varios días recuperarme, igual que a ella, igual que a mi padres, que después de eso siguen sin comprender del todo qué es lo que me pasa...

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