3 dic. 2008

Sí, sigo teniendo ese pequeño problema de no poderme creer que realmente soy lo que pretendo ser. Es una cuestión tan añeja como mi vida misma. Cuando era estudiante, no creía realmente que pudiera ser tan buen estudiante. Ahora que soy, o que intento ser un profesional, me cuesta todavía más trabajo asirme a un concepto de mí mismo que por alguna razón, me niego a aceptar... aunque en realidad ya lo soy.

Supongo que se debe a un temor inconfesable a la responsabilidad, al compromiso de dar resultados, a rendirle cuentas a una autoridad que, del todo, no reconozco.

Puedo pensar que todo se resolverá con el tiempo, que el tiempo, los días me darán la claridad para aceptar lo que soy; o ir cambiando poco a poco, y sin esfuerzo, lo que soy. Pero desafortunadamente yo sé que no es así. Esto no es cosa de fe, los cambios no se dan sin esfuerzo, de manera mágica. Hay que trabajar, y además hacerlo duro para que las cosas fluyan, para que pueda en un momento dejar el piloto automático y poder dedicar mi atención a otras cosas.

Pero por ahora creo que es como aprender a manejar. Y tengo que poner atención a los pedales, a la palanca de velocidades, a los espejos, al volante, a la radio y hasta a mi esposa que mientras voy manejando, me platica cómo le fue en la chamba.

Así me siento, como si estuviera aprendiendo a manejar y de vez en vez le doy un raspón con la banqueta, no mido mis distancias y me pego mucho al que va adelante, o voy muy lento en una avenida de alta velocidad. En fin, que voy aprendiendo, pero, como pudiera pensarse que es normal, también la voy cagando, inevitable y tontamente.

Realmente lo más importante es que pueda aprender de mis errores y no cometerlos de nuevo. Aprender, avanzar, tranquilizarme, relajarme, no dejarme llevar por mis temores, mis tontos temores que tanto daño me han hecho.

Relax, relax.Total, que no pasa que me despidan...

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