22 jul. 2009

El control y la ciclotimia

Me había negado en muchas ocasiones a aceptarlo, pero la verdad es que casi no controlo mi vida. Ignoro quién tiene el control total de la suya (supongo que son pocos), pero en mi caso, es completamente nulo.

Saber que dependo de las decisiones que el resto de la gente tome, me llena de ansiedad y frustración en un primer momento. Después, sólo encuentro resignación. Ahí está el problema.

Si viviera en una isla, alejado de todo contacto humano, no habría problema. Pero sí estoy en contacto: soy casado y trabajo en una oficina llena de gente y mi labor depende únicamente de las respuestas que obtengo tanto de mis compañeros como del resto de las personas fuera de la oficina, entonces, creo que debo afrontar este problema.

Me pasa muy seguido que en los mercados, entre tanta gente gritando y peleándose primero para que los atiendan, y luego para tener un precio justo, he preferido pasar de lago antes que gritar y pelear por un poco de atención. Opto por ir al supermercado, tomar yo mismo las cosas, aunque de menor calidad y mayor precio, y pagar silenciosa y tristemente en la caja.

El derroche de energía que tendría que ocupar en el mercado me implica un gran esfuerzo psicológico y físico, en cambio, en el súper, no hay que pelearse. Al menos esa es la tonta idea que tengo. No es así. Es sólo una percepción.

En la oficina tengo mis momentos de lucidez, de claridad, de frescura y, sobre todo, coraje. Entonces tomo el teléfono, hago dos o tres llamadas seguidas y, de pronto, bang. Tengo el control. Un día o dos después, cuando tengo la respuesta que esperaba, retomo el control de mi vida y me siento mucho, mucho mejor.

El efecto dura uno o dos días. Y luego, dejo que el mundo vuelva a llevarme hasta que un chispazo encienda la llama del coraje. ¿Es esto parte de mi ciclotimia?

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