10 sep. 2009

Maldito cumpleaños bipolar, como yo

Ahora sí mi matrimonio está desecho.

No lo pude evitar. Soy un hombre con un sentido común tan pobre, con tan poca fuerza de voluntad, empatía y al parecer cariño hacia mi esposa, que ahora ella sí se va a ir; los papeles del divorcio sólo esperan mi firma y francamente no sé qué hacer.

La amo, de eso estoy seguro. Y también estoy seguro de que ella a mi. Sólo que tres años de altibajos, de frustraciones personales y profesionales han acabado con su paciencia. Yo tengo la culpa.

La he cagado, sin duda y después de tres años ahora viene a cobrarme la factura. No la quiero dejar. No quiero separarme de ella. La amo. Me he dado cuenta de ello durante estos días en los que estuve solo y no la necesité para nada, y aún así la extrañaba. No tengo que decir más. He hecho muchas cosas, creo, para demostrarle que sí la amo, aunque no son las demostraciones que ella esperaba.

Justo ahora en la habitación está guardando sus cosas.

Hoy en la mañana la detuve en la puerta y durante toda la tarde estuvimos discutiendo sobre la decisión. Parece que ahora sí no me va a dar "otra oportunidad". Se le acabaron, y no las supe aprovechar.

Estoy tranquilo. No quiero dejarla ir, de eso estoy seguro, pero no quería obligarla.

Hasta quí, la historia era como era.

Ella salió del cuarto donde pensé estaba haciendo sus malestas para irse, pero en lugar de mandarme a la chingada, me invitó a Acapulco.

Así como si tal cosa, me dijo "Me voy a Acapulco, vienes o te quedas".

Me fui con ella. Todavía hoy, a una semana de los hechos, sigo sin comprender muy bien qué fue lo que pasó el jueves que fue mi cumpleaños y en el que cometí algunas pendejadas. Tampoco comprendo cómo el viernes por la noche, después de asistir a una fallida cita con la psicóloga, mi esposa se me escapó.

Sí, de pronto volteé al cruzar una calle y ella ya no estaba. Había desaparecido. Y lo peor es que no la encontré hasta después de dos horas cuando regresó a la casa. Y apenas una hora después de haber regresado, encabronada y frustrada por mi comportamiento de las últimas 24 horas, me invita a Acapulco.

Esa es otra historia de la cual todavía tampoco me recupero como creo ella tampoco. Esos días fueron los mejores y los peores de los últimos días, del cielo, al infierno, al cielo, al infierno al término medio.

Qué pinches días tan vertiginosos.

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