15 ene. 2010

Depresión postvacional


Sí, a veces me acuerdo que hace apenas unos días, era un hombre feliz, que no trabajaba y se la pasaba con su esposa, disfrutando del tiempo juntos, esperando que llegara este monstruo insaciable que es la vida real después de las vacaciones.

No sé si exista esa figura que yo quisiera llamar depresión post vacacional. Pero yo estoy seguro que sí existe, que sí pega y que, incluso, puede ser más grave que la depresión de Navidad y la causada por el alza de los impuestos.



No es extraño que apenas regresamos de vacaciones, la rutina se hace más pesada, el tiempo pasa más lento, y en tanto más frío hace por las noches, en las mañanas es más complicado desprenderse de la cama.

A mí me pasa, a mi esposa le pasa, a mis compañeros en la oficina les pasa. Será que estoy rodeado de deprimidos, o que la vida, en general es difícil, cuando se disfrutan tanto los días de descanso.



Apenas llevo dos semanas de trabajo y ya quiero renunciar de nuevo. No me siento capaz de hacer un año más lo que he venido haciendo durante los últimos tres... y de veras siento que desfallezco.



Ayer por la noche recordaba en lo que tenía que concentrarme cuando esos pensamientos asaltaban mi cabeza. Me lo enseñó la psicóloga, y lo pude aplicar, sobre todo a mediados del año pasado cuando estuve muy, muy presionado en el trabajo. 



El mecanismo era más o menos sencillo. ¡Tengo chamba! No quiero regresar a ser el maldito bulto deprimido en el sillón, ni el fracasado mantenido que sólo aporta lástima en la casa... Eso sucedió hace tres años y no sucederá de nuevo. Por eso me levanto todos los días para ir a la oficina y tratar de hacer la chamba por la que me pagan. 



Sinceramente a veces no tengo ganas y malhago lo que debo hacer bien, pero esa ya es otra historia, de la que hablaré más adelante.

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