10 jul. 2010

Explosiones bipolares

Estoy, como cada año y medio o dos años, en un embudo de vida. Ya ni me sorprende. En un lapso de unos cuantos días se dejan venir las decisiones y las propuestas más importantes en mi vida.

Aunado a esta siempre indeseable presión, exploto por pendejadas con mi esposa, que por cierto tampoco está bien de salud. Entre sus dolores crónicos y los cambios de humor por razones desconocidas (nada raro por cierto), me colmaron la paciencia.

Estoy un poco sensible. No lo niego.

En el trabajo hay cambios importantes, y entre ellos, me promueven. Dejaré la tranquilidad de mi escritorio para tomar las riendas de un cargo con un poco más de responsabilidad. Algo habré hecho bien. 

El dueño de la empresa nos informa que la vendió porque ha resultado tan buen negocio que le compraron su parte. ¿Qué debo pensar...? ¿Quién vende un negocio que está en auge...?

Estoy esperando los resultados de una solicitud para una beca. Quiero dedicarme a escribir y dejar mi actual empleo. Tengo fuertes esperanzas, pero como buen mexicano, me voy haciendo a la idea de que al final, me voy a quedar en la orilla, como siempre.

Paralelo a esto, debo terminar un cuento para presentarlo a un concurso que cierra a fin de este mes. Llevo la mitad y estoy atorado (sí, como siempre).

Y con mi esposa bueno, ya ni qué decir. Comienza su propio negocio y se queda sin dinero. Me pide a mi, que estoy acostumbrado a no darle porque ella se mantiene sola. Se me olvida depositarle y ¡oh!, tragedia nacional porque "no le doy gasto" Yiak. Qué horrenda palabra y qué asco de concepto.

Sus dolores luego la ponen de malas, la deprimen, ve mucha televisión acerca de las enfermedades que padece y cada vez se preocupa más. De las que todavía no le confirman es peor porque no sabemos a ciencia cierta si realmente las padece. En el camino, el sufrimiento le va carcomiendo el espíritu, y de paso el mío.

Así, con todo esto, quiero terminar mi carrera hacer mi tesis. Pero hay un pequeño detalle: todo lo anterior.

No me puedo concentrar. No tengo un espacio en la casa para poner mis apuntes, mis libros y mi computadora no tengo computadora. Ésta en la que escribo es de ella, y la mía, que también es de ella, está descompuesta por culpa de un pendejo que se hizo pasar por técnico y que en realidad ha sido mi peor pesadilla. Bueno, en realidad mi peor pesadilla es que tomé la decisión de no hacer válida la garantía y ahora me doy de topes.

Así fue como exploté: Quedamos en ir a la biblioteca, al menos eso pensé. Pero resulta que no, que ella sólo quería que saliéramos juntos de la casa para ella ir a hacer otras cosas por el rumbo de la biblioteca. Pero entonces salimos a las dos de la tarde de la casa y para mis putas pulgas con los horarios.

Por si no fuera poco, dejamos las llaves dentro... Me recarga la chingada.

Discutimos, gritamos en medio de la calle, ventilamos a los cuatro vientos mis malosentendidos, sus claras e inobjetables razones...

Y como en los viejos tiempos, antes de mis terapias y antes de las suyas, nos mandamos muy directo a la chingada... ¿Por qué carajos tiene que ser así? Yo tan pinche explosivo, justo cuando tengo ganas de ir a gastar energías a la biblioteca y estudiar, cuando tengo los ánimos y el dinero para comer en la calle, cuando tengo el auténtico interés en terminar algo en mi vida.

No comprendo.

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