1 abr. 2011

Sueños de un seductor bipolar

La escena es más o menos la misma siempre. Me subo al vagón del Metro o al camión, busco primero lugar, pero una vez instalado, comienzo a scanear a la gente. Primero las mujeres y luego los hombres; éstos sólo cobran importancia en función de la relación que tengan con las chicas. Y éstas son relevantes en la medida en que sean atractivas. Si no me gustan, las desecho rápidamente. ¿Para qué? Es sólo un juego, un tonto pasatiempo en el que en mi mente logro seducir a una mujer con sólo mi presencia y una mirada furtiva.

De adolescente era una fantasía más o menos recurrente que creía se podía realizar. Nunca pude abordar a una niña linda en la calle, y aún con mis compañeras en la escuela era una proeza dirigirles la palabra. Pero para eso existe la imaginación, para lograr las cosas que en la realidad no podemos hacer.

Luego, cuando crecí, y me di cuenta de que, a pesar de que siempre he pensado que no soy un sujeto feo (y tampoco es que sea guapo, sólo que no estoy tan tirado a la mierda), estaba destinado a conquistar a las mujeres sólo en mi imaginación. Y así ha sucedido. Sólo en una ocasión me emplee a fondo y conquisté a mi esposa. Con eso me basta y sobra.

Mi físico no me ayuda. Parezco gay.

Sí, tengo que admitirlo. En algún punto de mi gestación, cuando nadaba en el vientre de mi madre, algo debió salir mal. No sólo en mi cerebro (que resultó ser bipolar) sino en mis hormonas. Nunca me he practicado un perfil hormonal, pero estoy casi seguro que mis niveles de testosterona saldrían muy bajos. Es una de esas cosas que sospecho que me suceden. Por eso es que mi apariencia no es muy varonil y por eso mi pegue entre la comunidad homosexual es notable.

Una amiga, hace algunos años, me confesó que ella pensaba que era gay. Incluso cuando le dije que tenía novia y que me iba a casar con ella no me creyó del todo. Fue en la boda cuando finalmente se convenció de que soy heterosexual y mi esposa es de carne y hueso...

Esa falla hormonal de la que sospecho supongo que también me hace un poco más proclive a tener empatía con algunas mujeres. No con todas. Especialmente con aquellas que piensan. Con eso es más su suficiente, igual que mis amigos. Con que piensen, me conformo. Ya si ellas son lindas qué bueno, y si ellos no me avergüenzan cuando camino en la calle a su lado, también es preferible...

Ese es mi tonto juego del transporte público que a veces repito en los restaurantes, plazas comerciales, en el supermercado... Prácticamente en todos los lugares públicos.

Pero hay veces en que el simple escaneo resulta en algo más. Hace algunos meses asistí a una reunión de trabajo en una lujosa oficina en el poniente de la ciudad. No era la primera vez que iba a esa empresa, pero sí la primera que me llevaba una excelente sorpresa.

Una de las asistentes que me atendieron era una chica, que como dirían los clásicos, estaba "como me la recetó el doctor", mi tipo, me embonaba pues.

Durante las dos horas que permanecí en la oficina, no pude dejar de verla de reojo o dedicarle algunas miradas directas, sinceras y descaradas. No la acosaba. Al menos eso quiero pensar. Sólo coqueteaba un poco con ella porque, sin saberlo a ciencia cierta, intuía que se sentía atraída hacia mí también. Quizás era cierto, o era sólo parte de mi alucinación atizada por la adrenalina de la reunión y la total falta de pudor (al menos en mi fantasía).

Traía una de mis mejores camisas, me había puesto más loción de lo normal y hasta me había rasurado. ¿Qué me podía detener? ¿Qué chica se podría resistir...? JA

Al final de la junta, su jefa me llevó fuera de la oficina donde me despidió finalizando la cita. No me pude despedir de ella. Pero al día siguiente por órdenes de su jefa o por iniciativa propia llamó a mi celular. Sólo quería agradecer mi puntualidad del día anterior y ofrecerme su ayuda para cualquier asunto que quedara pendiente... Se me ocurrieron mucha respuestas a esa oferta, pero la verdad es que mi atrevimiento se queda sólo en las miradas furtivas y esa agradable sensación de estar haciendo algo prohibido.

Durante dos semanas no pude dejar de pensar en ella. En sus ojos, su sonrisa e incluso el copioso acné de su rostro. Localicé su cuenta en Twitter pero no me atreví a seguirla, lo cual no impidió que de vez en cuando entrara a ver lo que estaba pasando en su día (por cierto sus comentarios incluso tan aburridos y anodinos como los míos). Soy voyeurista por convicción y afición. Me encanta espiar, ver, sin ser visto.

Semanas después me enteré de que su jefa había sido ascendida en la empresa, y ella se quedó con el puesto. Ahora es la responsable del área que yo tenía que atender. El problema fue que justo días antes, a mi me cambiaron en la chamba y ya nada tenía que ver con ella... Las cosas pasan por algo ¿cierto?

Esto me ocurre con cierta frecuencia. Conozco a una chica que me atrae, coqueteo como si nada y luego paso una o dos semanas pensando en ella, fantaseando, diríamos en un vulgar español-mexicano, haciéndome chaquetas mentales...

Sé que pasará. Que dos semanas es lo máximo que esto puede durar y sólo me quedo con esa sensación idiota y complaciente de haber tenido algo así como una aventura, aunque haya sido sólo en mi imaginación alocada, imbécil y patética. Pequeños tirones de dos semanas de hipomanía en los que la alucinación de sentirme irresistible y estar haciendo algo riesgoso me ponen al borde de crisis más profundas...

3 comentarios:

  1. hola!!! estoy bien entrada leyendo lo que escribes, me encanta..

    espero no tardes en escribir
    saludos!

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  2. Hola,

    He pasado a leerte y a saludarte.

    tenemos que cuidarnos de todas aquellas situaciones que nos ponene en riesgo verdad???

    un saludo.
    An.

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