1 may. 2009

Lo que la influenza se llevó

InfluenzaVivo en México, y casi en el centro del DF. Hasta el momento se ha confirmado la muerte de 15 personas por la influenza porcina. Los últimos tres días de la semana tuve que trabajar con tapabocas en la oficina y viajar en metro dispara mi adrenalina. La suerte trajo la enfermedad a la ciudad y con ella, todos sus habitantes hemos sido conscientes de una cosa: la muerte es real y se contagia.

La influenza en tan sólo una semana se ha llevado a varias personas: mujeres y hombres jóvenes y productivos. Pero no sólo eso, también se llevó la tranquilidad, incipiente si se quiere a raíz de la otra crisis económica; arrasó con el poco cariño que nos tenemos. Si antes era difícil saludar de mano al jefe y de beso a la compañera horrenda, ahora es una bendición la alerta. Pero qué pasa con los hijos, los papás, la novia, el marido y la esposa. La enfermedad ha dispuesto una separación obligatoria, aunque quizás de esto saquemos algo bueno.

Ha quedado claro que los mexicanos, en su gran mayoría, no están acostumbrados a ciertas medidas básicas de higiene como lavarse las manos. De ahí que sean tan comunes las enfermedades gastrointestinales y respiratorias.

Nos encanta, y aquí me incluyo, rascarnos la nariz, chuparnos los dedos y llevarnos a la boca plumas, hojas de papel, cigarros, vasos y cubiertos ajenos, entre otras muchas cosas. Algunos dirán que es por nervios, otros que es para compartir con los amigos y la pareja, lo cierto es que estas prácticas nos han llevado, en buena medida, al escenario pandémico en el que estamos.

No imagino qué pasaría si en lugar de una influenza, una enfermedad que sí es agresiva, pero como la viruela, o el Ébola, puede causar tantos estragos en la sociedad mexicana. De haber sido cualquier otro virus más peligroso, seguro estaríamos hablando de millones de muertos, y los estadios serían enormes campos de concentración de cadáveres y en las afueras de la ciudad se estarían cavando fosas comunes para evitar más muertes.

Pero hay otras cosas que posiblemente sean positivas. Al menos eso quiero pensar para no hundirme en la depresión.

InfluenzaLa boca, una de las partes del cuerpo que usamos mucho para expresarnos (y no hablo de las palabras) ha sido eliminada. Con ella, también se borró una de las partes más atractivas, sensuales y visibles del cuerpo humano. Es inevitable sentirse atraído por unos labios carnosos y bien formados, o una pequeña boca delicada y tierna, según sean los gustos.

Hombres y mujeres nos hemos privado del placer de ver los labios, de expresar disgusto o alegría con ellos, de demostrar nuestro inminente nerviosismo cuando nos chupamos los labios. En su lugar nos han quedado los ojos, que ahora cargan con la pesada responsabilidad de ver, reir, llorar, mostrar tristeza, valor, coraje y miedo.

Son los ojos y no la boca los que dicen que una mujer en el metro es guapa, si un hombre en la calle puede o no ser peligroso, si el niño está sonriendo bajo la patética tela azul, si una persona está tranquila, tiene miedo, o simplemente sigue su vida como las circunstancias se lo permiten.

Yo por mi parte, sigo con mi vida como se puede. Sano (salvo por el TB), gracias a Dios, y al higiene que siempre he llevado. Sigo tratando de no romper el delgado lazo que me une a mi esposa y romper el que me ata a mi madre… Ja. Y yo que creía que una pandemia era lo peor que podría pasar. 

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