Por el rabillo del ojo (o Dos caídas, un día)
Mirar de reojo para mi se convirtió en lago cotidiano, pero sobre todo, consciente. Es un hecho que todos tenemos, en mayor o menos grado, desarrollada la visión periférica que es aquella que nos permite ver a nuestros costados de manera involuntaria. Hace muchos años para mí era natural mirar de esta manera cuando jugaba baseball. Así espiaba los corredores de primera y segunda que abrían descaradamente. Luego apliqué la misma técnica para cruzar la calle. No me es totalmente necesario girar la cabeza para saber si viene o no un coche. Esta visión es también la que me avisa en el metro o en la calle cuando alguien me está mirando fijamente. Es algo casi instintivo. Una vez que registro la insistencia de una mirada, me muevo para asegurarme que efectivamente es a mí a quien vigilan. Luego los encaro descubriéndolos en flagrancia. Hoy en dos ocasiones hice caso omiso a mi visión periférica. A pesar de que con el rabillo del ojo me di cuenta de que dos cuerpos caían, no hice nada por rem...