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Depresión y lo terribles 40

A estas alturas de la vida no sé qué hacer con mi vida. Tampoco sé bien quién soy. De verdad. Hasta me da pena. Diría que me da pena ajena, pero no. Es muy mi pena. Tengo una vida ya muy hecha. Más de 10 años de experiencia laboral, más de 10 años casado, padre relativamente bueno (al menos eso quiero pensar). Pésimo amigo, pero con un grupo sólido e inquebrantable de ellos. Y muchas, muchas inseguridades, miedos (que a veces son terrores con los que vivo a diario), planes incumplidos e ilusiones rotas. Me veo en el espejo y veo el mismo rostro de hace 20 o 25 años. Siempre, a cada momento me dicen que soy comeaños. Sí aparento físicamente al menos 10 años menos de los que tengo. Y tristemente creo que mental y emocionalmente soy aún más inmaduro. Como si tuviera 15 años. Mantengo las inseguridades de aquellos años. Mis sueños y planes tampoco han cambiado. Lo cual es triste porque quiere decir que no los he logrado. Y eso es una realidad. Cuando era adolescente, y más adelante, cu...

El calcetín de todos los días

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El caso es que estaba sentado en la orilla de la silla donde cada mañana me pongo los calcetines. Ese tiempo que discurre, casi eterno, entre que se me secan los pies y me pongo estas las calcetas, es uno de los momentos más difíciles del día. Puedo estar con la mirada clavada en el piso por 10, 15 minutos sin decidirme a seguir con el ritual o dejarme vencer por los demonios de la hueva.

Entre yo y mi otro yo

Hasta donde sé no soy ezquizofrénico, y sin embargo a veces no me queda claro cuál de todos los yo que soy, es el que manda. Me pasa a veces que me dispongo a vivir un dia más, me veo en el espejo y me reconozco como el de siempre, cualquier cosa que eso signifique. Pero luego mi esposa me pregunta si me pasa algo, si me siento mal, y caigo en cuenta de que algo me está pasando, algo que yo no detecto, pero ella sí. Me pasa también que tengo dos y hasta tres cuentas de correo y de twitter. De protno me distraigo, me confundo y mando algun mensaje por una cuenta equivocada y eso, además de traerme problemas, me hace pensar que en realidad no tengo muy claro exactamente quien soy. Y de veras, ¿quién soy? El profesionista que da una cara a todos, ocultando: 1 que en verdad mi trabajo poco me importa, 2 que mis intereses son muy distintos, 3 que soy bipolar y depresivo, 4 que yo mismo no sé quien soy, o 5 que no me atrevo a romper con todo lo anterior. Me doy cuenta con mucha trist...

Y sí, casi lloro

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No me gusta el futbol. De hecho me parece un deporte un tanto primitivo. Soy fan del baseball, de hecho lo jugué cuando era adolescente. Pero no puedo negar que el día que México le ganó a Francia, casi lloro. No por que le ganara, de hecho eso me sucedió como dos horas antes del partido

¿Dónde están los funky punky?

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No lo puedo evitar: soy fan de los Funki Punky. No al grado de coleccionar todo lo que haya sobre ellos, pero sí lo suficiente para poner calcomanías en mi celular y en alguno de mis cuadernos de notas. También al grado de buscar infructuosamente en los vualá de Gamesa los clips que se prometían en su envoltura, pero sin resultado todavía. Ante esta falta de resultado, me pregunto ¿En serio habrá esos clips...? ¿Alguien los ha visto? Por favor díganme que sí.

Cuidado con lo que deseas

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Me pasa que cuando estoy en casa no quiero estar aquí, cuando estoy en la oficina, quiero estar en casa y cuando estoy en cualquier otra parte, siempre deseo estar lejos de ahí. Tengo la tonta idea de que terminando esta etapa de mi vida (cualquier cosa que eso signifique) entonces voy a estar bien, y todo marchará como en mis más chaqueteros sueños. La verdad es que aunque me sacara la lotería y me pusiera el cerebro de Raymond Chandler, seguiría igual de infeliz.

Autoconvencimiento

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No siempre, pero a veces me pregunto si todos los que tienen 28 años, y llevan una vida medianamente fácil se sienten tan como yo. Estoy seguro que no porque comparto mi vida laboral y personal con personas de la misma edad y me doy cuenta de que no es así. No todos tienen este sentimiento que me ronda cotidianamente de que de poco vale todo. Tampoco soy el único, pero somos minoría. Conozco dos o tres más como yo y el resto, me da la impresión de que en realidad están fingiendo. Es extraño, pero siento que todos, en el fondo, están tan desilusionados de lo que hacen y de sus vidas que tratan de convencerse siendo falsamente felices. Sinceramente a veces los envidio, cuando me entra la nostalgia por la sonrisa fácil, por el pensamiento sencillo. Pero luego me doy cuenta de que todo, en el peor de los casos, es pura pose. Un argumento para convencerse a sí mismos. Claro, sí hay personas auténticas, pero son las menos. A ellas, mis más sinceras envidias...

Pactos incumplidos y resaca

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Primero sí, digo unas cosas, y luego me retracto... bueno, no, la verdad es que se me olvida. Espero que con esas palabras, que a mí se me olvidan y a ella se le encajan en la piel como fierro caliente, no traigan mayores consecuencias negativas. Trato de apagar la conflagración con un chorrito de palabras que, al final, termina esfumándose. Así vivo, siempre con la esperanza de que lo que digo y dejo de decir no se me venga encima, como suele sucederme. ¿Será que trato de darle por su lado a todo el mundo, excepto a mí mismo? Eso me han dicho, que trato de complacer a todos, de cumplir con las expectativas de todos, pero no tomo en cuenta lo que quiero, lo que deseo, lo que me interesa. Así he vivido...

La resaca de semana santa

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Tenía la idea de escribir sobre la fiesta que organizamos mi esposa y yo, de lo bien que la pasamos y del arduo trabajo que nos significó, pero pasados los días, he entrado en otra depresión que no me deja y no me deja... No me siento así por la fiesta y sus secuelas (ya pasó más de una semana) es más, tampoco por regresar de vacaciones después de semana santa, sino por la incomodidad creciente que me causa venir a trabajar... es cierto, pero penoso, y así es. Pasó la semana santa, hubo días de total inactividad y ahora el regreso al trabajo y a la hueva de la rutina... Me hubiera gustado no escribir esto, y publicar algo más positivo, pero la verdad es que no me siento tan bien como quisiera.

El esplendor de la vida cotidiana

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La bipolaridad no es sólo una enfermedad, puede llegar a ser también un estilo de vida, algo para sacar provecho. Las constantes depresiones y los conflictos que se ocasionan pueden generar cosas muy intersantes para vender. No son extraños los casos de artistas de todo tipo que son bipolares y que gracias a eso pueden subsistir de alguna manera. Quizás no sea lo más adecuado lo más sano, pero funciona. Al menos esa es la idea que queda después de haber visto una película que se llama American Splendor. La cinta cuenta la historia real y contemporánea de un sujeto en Estados Unidos que narra su vida común y corriente de depresivo - gruñón - bipolar frustrado que tiene un horrendo trabajo como archivista en un hospital. Se convierte en héroe por obra y gracia de su habilidad para narrar las pocas pero muy humanas vicisitudes que a diario le ocurren a él y sus conocidos. No lo narra de forma novelada sino a través de un cómic que él no ilustra, sólo escribe las historias, que por lo demá...

Un 2008 que promete

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Habían pasado ya muchos meses desde la última vez que escribí aquí. Leo las entradas que publiqué y no me arrepiento de lo escrito y me encuentro con una sorpresa que agradablemente me sacude. Leo que tengo algunos comentarios. He pasado no sé cuántas horas frente a la computadora pensando en algo interesante para escribir, alguna anécdota que me sirva de pretexto para abordar algún tema relevante y no aburrir a los pocos que visitan el blog y los menos que lo leen. Y entonces encuentro los comentarios y en serio que el corazón se me inflama de gusto, de orgullo, de satisfacción por saber que alguien del otro lado de la pantalla y muy probablemente del otro lado del océano leyó y encontró interesante algunas de las palabras que aquí escribo. Gracias, en serio, por sus comentarios. Pasaron las fiestas de diciembre y tal y como lo pronostiqué en alguna entrada anterior, los días que se supone son de felicidad, armonía y comprensión se tornaron más bien pesadillescas. Ya buena parte de la...

El beis, la psicóloga y yo

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Han pasado varias cosas que bien a bien todavía no sé cómo interpretar. Por un lado tengo la sensación de sentirme demasiado bien y tengo algunas teorías acerca de su origen. Por un lado dejé de tomar las pastillas estabilizadoras hace ya como tres semanas. Lo cual bien podría estar afectando mi estado de ánimo. Me siento muy bien, con mucha energía y me gusta sentirme así. Otra cosa que sucedió es que mi esposa ya consiguió trabajo y ya no está en la casa todo el día. Lo cual también me da mucho gusto. Digo, además una lana extra para la casa no nos cae nada mal, pero sobre todo el bien es que ya no esta acá todo el día y cuando regreso sí la encuentro cansada y tiene cosas para platicarme pero ya no son esas cosas las mismas que cuando estaba sólo haciendo nada. Y la otra cosa que me tiene así es la resolución a la que llegué junto con la psicóloga de que lo que necesito para sentirme mejor es regresar al beisbol. La idea me tiene cogido de los pelos. No he pensado en otra cosa los ú...

Me aceptan, o ni siquiera lo permito

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En el trabajo las cosas más o menos han ido de la misma manera que desde que entré hace casi cuatro meses. Ya me acostumbré al ritmo de trabajo, a la gente, a los comentarios, a las pocas malas vibras (afortunadamente). Pero sigo sin poderme integrar por completo al equipo, al grupo de amigos. Sigo siendo algo asÌ como el nuevo, o el serio, o el que no se lleva del todo... Me ha afectado un poco porque cualquier otra persona con capacidades sociales normales, ya se hubiera integrado del todo. Pero yo no lo he podido hacer. Es como si día a día me abstuviera de dejarme ir, de quitarme el miedo a decir las cosas, a hacerlas, a perder el miedo a caer en el ridículo, a no ser del agrado de los demás , a no llegar al nivel de sagacidad que tienen. No quisiera dejarme ir y resultar demasiado pesado. He preferido ser el serio, el que casi no habla, el que es medianamente inteligente, el mesurado. Pero las facturas pueden llegar a ser caras. No tengo el nivel de aceptación que, por ejemplo, mi...

Mis días frente a la tele

Me levanto, desayuno un café, pedazo de pan, y si hay, gelatina de naranja. Luego me dejo caer en el sillón frente a la televisión y ahí permanezco el resto de la mañana. Veo los programas para señoras, chismes de actores de telenovela, recetas de cocina y belleza, concursos de perros y adolescentes que bailan, caricaturas japonesas, caricaturas gringas... Después de las 4 de la tarde me da hambre, pero me la aguanto, sé que pronto pasará, y pasa. Después de las 7 de la tarde me siento ya un poco mareado y me levanto y voy a la cocina, abro el refri, saco lo que Diana dejó preparado, lo pongo en un plato, luego al micro y de ahí al sillón otra vez. Como sin ganas, dejo el plato junto al sillón y espero a que ella regrese... Sé que soy bipolar Al día siguiente me levanto, desayuno un café, pedazo de pan, y si hay, gelatina de naranja...