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Mi círculo de la depresión

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Las sesiones con mi psicóloga en los últimos meses se habían vuelto una conversación autocomplaciente en la que yo no me atrevía a decir la verdad y parece que ella tampoco se animaba a decirme su teoría: estaba deprimido. Una fuerte pelea con mi esposa fue la gota que hizo que la bomba de depresión me estallara en las manos, en la cabeza y en todo el cuerpo. No tuve más remedio que aceptar frente a la psicóloga que estaba profundamente deprimido, al grado de no poder salir de la crisis yo solo y requerir de nuevo de la intervención del psiquiatra y las medicinas.

Odio las primeras semanas de todo...

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Pero claro, no lo vi llegar y ahora me ataca, me enfurece cada vez que abro los ojos, cada vez que hurgo en mi mente para tratar de dejar atrás esta sensación de vacío que me aplasta. Así me siento: aplastado por un enorme saco que no me deja moverme y que está totalmente vacío. No tiene nada dentro, sólo la ilusión de que algo muy enorme y horrendo me pesa, tanto que me es imposible levantarlo. Que monserga. La primera semana después de vacaciones es siempre lo mismo y a pesar de que sé que me va a pasar, no hago nada para remediarlo, para disminuir en lo posible los efectos de esta depresión post vacaciones. Es como ir al paraíso y luego regresar a la Tierra en medio de un bombardeo. No sé si pueda seguir mucho tiempo así. Necesito recordar cómo vivir con esto, y a pesar de esto.

Internet y depresión

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Yo tengo una relación compleja con la Internet. Por cuestiones de trabajo todo el día estoy conectado a ella y se podría pensar que llegando a la casa lo único que quiero es dejarla, pero no es así. Creo que soy adicto, y probablemente eso me provoque depresión, según una investigación de psicólogos británicos.

Insomnio creativo

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No sé si lo de esta noche fue un caso aislado, una consecuencia estúpida y evitable de una cena irresponsable llena de salsa verde y jitomate, pero como hace mucho tiempo no me sucedía, tuve insomnio.

Depresión y Navidad

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Todo se ha dicho sobre este tema. En general la gente que tiende a la depresión, suele deprimirse más, o con más facilidad en esta época. En los periódicos las notas redundan en el tema, e incluso en las notas del suicidio. Razones hay muchas: desde la luz que en estos días es más triste, hasta las reuniones familiares, con los amigos, la falta de dinero, el frío, las películas tontas de Navidad, las vacaciones sin salir de casa... En fin, que cada quien aumente la lista de razones como mejor le parezca.. En mi caso, no me gusta la Navidad porque ese sentimiento (casi siempre forzado y falso) de paz, armonía y perdón obligado, me parece inútil, y a veces ridículo. ¿Por qué justo en esta época los que solemos odiarnos durante todo el año tenemos que reconciliarnos, darnos un abrazo y desearnos lo mejor...?   No me gusta el intercambio en la oficina en el que le tengo que regalar algo a un compañero quien no le hablo e incluso hablé mal de él. Y l...

Cinco días en el sillón

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En otras ocasiones he escrito sobre el miedo, y mi imposibilidad de identificar el origen del mismo. Pero hace poco más de una semana supe que el temor se puede controlar, siempre y cuando uno esté preparado para hacerle frente. Eso fue lo que me pasó. Mi esposa, cansada de no ver progresos en mí y en nuestra relación, me informó que planeaba irse de la casa. Me lo dijo sin dramas, más como quien avisa que se va a ir de vacaciones, que quien rompe un matrimonio. Por algunas señales yo sabía que ella ya estaba pensando hacer algo así, no me sorprendió, ni me dio el miedo que yo pensé que me daría llegado el momento de la separación. No es que lo estuviera esperando ni fomentando, pero uno se tiene que preparar. Fueron largas, largas noches en las que dormimos separados. Ella en el sillón (porque así lo quiso) y yo en la cama, a mis anchas, pero solo. También fueron largas, casi interminables charlas en las que nos desahogamos de muchas, muchas cosas que traíamos atoradas desde hac...

Qué he dejado para mi...

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Dejar de escribir para mí, y estar siempre pensando y obsesionándome (un poco) con el trabajo, supongo que también me ha hecho mal. He caido en una especie de círculo vicioso en el que no hago nada más que estar en el trabajo y con mi esposa para mantenerlos más o menos estables. El resultado no ha sido el mejor, ni el deseado. En el trabajo parece que no voy muy bien y con ella a veces las cosas se ponen color de hormiga. ¿Y yo? Yo me conformo... eso, me conformo con esas dos cosas y dejo atrás el resto. Desde las cosas que disfruto (se supone) como escribir y leer, hasta placeres que parecen mundanos como el baseball y los pocos amigos que tengo. Y la terapia... en un impase que parece llevar dos años de duración Por eso luego no me gusta escribir, porque saco cosas que, creo, a veces estarían mejor muy muy dentro de mí. Pero entonces, tomo la pluma y comienzo de nuevo. ¿Qué cosas placenteras hago para mi? Pocas. Voy al cine, veo algunas películas y paseo con mi esposa......

¡Dónde andará mi mente?

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Sí, no lo puedo negar. Tengo ganas de escribir, pero no tengo tiempo para dedicarme a ello. Mi mente está siempre ocupada en otras cosas. Un ejemplo es mi letra. Cada vez que escribo, lo hago peor. Mis trazos están incompletos, las letras cada vez se parecen menos a lo que se supone deben ser. No sé si deba preocuparme por eso. A veces no escribo correctamente por la prisa de alcanzar a mi propio cerebro. Nunca lo he logrado, pero creo que en últimas fechas es peor. Quiero escribir sobre las dos películas ue he visto últimamnte y que me han parecido extraordinarias. También quise escribir sobre lo mal que estoy pensando, lo disperso y distraio que estoy. No me puedo concentrar en nada. Apenas estoy iniciando algo y ya mi mentes está divagando por otros lados. Es como si estuviera huyendo de mí mismo, de mis pensamientos, como si hubiera dos Chaks, uno siempre detrás del otro sin dejarlo en paz, con la consigna de perseguirlo sin permitirle reflexionar o detenerse contemplar nad...

¿Eres tú, depresión?

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Hoy no fui a trabajar. No estoy enfermo, simplemente me dio mucha flojera y supongo que ya desde ahi está mal.Me siento un poco culpable por simplemente no haber ido, creo que es síntoma inequívoco de que estoy deprimido, o al menos comienzo a estarlo. Han ocurrido cosas en la oficina que no me gustan, que me han hecho sentir inseguro, amenazado, vulnerable, y eso me asusta. Ha pasado ya más de un año y esta es la primera vez que me siento así, tan indefenso. Hace tres días renunció una buena compañera (y amiga) por razones que no tienen el peso como para haber renunciado, fue más una cuestión personal con mi jefe que una verdadera razón laboral. Cometió errores, sí, pero también mi jefe, y ninguno de los dos estuvo dispuesto a poner sus disputas de poder por encima de la chamba y superar sus rencillas. El resultado es que perdimos a una gran trabajadora y a una buena amiga. El problema es que el ambiente en la oficina se ha enrarecido más de lo que ya estaba. Hace falta una persona...

La resaca de semana santa

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Tenía la idea de escribir sobre la fiesta que organizamos mi esposa y yo, de lo bien que la pasamos y del arduo trabajo que nos significó, pero pasados los días, he entrado en otra depresión que no me deja y no me deja... No me siento así por la fiesta y sus secuelas (ya pasó más de una semana) es más, tampoco por regresar de vacaciones después de semana santa, sino por la incomodidad creciente que me causa venir a trabajar... es cierto, pero penoso, y así es. Pasó la semana santa, hubo días de total inactividad y ahora el regreso al trabajo y a la hueva de la rutina... Me hubiera gustado no escribir esto, y publicar algo más positivo, pero la verdad es que no me siento tan bien como quisiera.

La Mudanza

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Dejé de escribir un tiempo. Lo hice sí por desidia, porque tenía otras cosas que hacer, pero también por un conato de depresión que quise ocultar hasta de mi propia conciencia. No me arrepiento. Me cambié de casa y sufrí de algo así como un desfase de personalidad. Fue como si de pronto me hubieran sacado de mi cuerpo, de mi vida, de mi rutina para implantarme de buenas a primeras y sin más aviso que la propia testificación de que mis cosas eran cambiadas de un departamento a otro. Y al día siguiente, me atacó una especie de cruda de personalidad. Mi pelo no era mi pelo, mis ojos no eran mis ojos y tenía la fiel certeza de que todo cuanto me rodeaba era tan nuevo que ni mi esposa me conocía, y yo a ella. Fueron sólo dos días los que pasé por esto. Luego me acostumbré. Pero seguí sin escribir por otra razón: no quería molestarme en hacer esfuerzos extras. No quería entrar en conflicto con mi esposa por el simple hecho de estar sentado frente a la computadora y no junto a ella platicand...