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Mostrando las entradas con la etiqueta miedo

De la extorsión a la revelación

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Siempre escuchamos historias de gente que fue secuestrada o extorsionada. Pero nos es hasta que lo tenemos cerca, cuando nos damos cuenta de la magnitud del daño que este tipo de cosas pueden causar. Hace dos o tres años le tocó a mi familia pasar por un pequeño, pero traumante suceso. Un sábado por la mañana mi esposa y yo salimos a desayunar con una amiga a un Sanborns cerca de donde vivíamos. Pasábamos una mañana de lo más normal cuando sonó mi teléfono celular. Era mi madre que me preguntaba notablemente asustada si estaba bien, si no me pasaba nada.

Depresión y amistad

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Ayer me encontré con una amiga a la que hace mucho tiempo no veía, creo que un año al menos . Me ha dado mucho gusto encontrarla. Curiosamente fue en la sala de espera de mi psicóloga, que ahora es la suya y también la de mi esposa. (Creo que pronto mi psicóloga tendrá que hacerme su socio.

Cuidado con lo que deseas

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Me pasa que cuando estoy en casa no quiero estar aquí, cuando estoy en la oficina, quiero estar en casa y cuando estoy en cualquier otra parte, siempre deseo estar lejos de ahí. Tengo la tonta idea de que terminando esta etapa de mi vida (cualquier cosa que eso signifique) entonces voy a estar bien, y todo marchará como en mis más chaqueteros sueños. La verdad es que aunque me sacara la lotería y me pusiera el cerebro de Raymond Chandler, seguiría igual de infeliz.

El miedo, una constante que me borra

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Ayer tuve con la sesión con la psicóloga. Y me dijo algo que ya sé, pero que me he negado a arreglar. Tengo miedo de hacerlo. Ya en una entrada anterior había tocado el tema de cómo por darle gusto a los demás, me borro a mí mismo. Sin embargo ahora la doctora me hizo ver que actúo de la misma manera con mi propia esposa. Antes de defender mis propios puntos de vista (que me parecen a veces tan insignificantes), prefiero darle la razón y ahorrarme la pena de iniciar una discusión interminable por algo que ya sé cómo va a terminar. Ante ella, y ante el resto del mundo, yo no tengo el derecho de enojarme. He dejado que todo se me resbale, o peor aún, lo he absorbido través de la vesícula y el hígado (que ya me cobran la factura), y opto por darle la razón a todos antes que mantenerme. No sé argumentar. No puedo, se me ha olvidado. La doctora me ha dicho una cosa en la que no había recapacitado nunca. Se le pude dar la vuelta a las discusiones. Ante la imposibilidad de poderme ex...

Cinco días en el sillón

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En otras ocasiones he escrito sobre el miedo, y mi imposibilidad de identificar el origen del mismo. Pero hace poco más de una semana supe que el temor se puede controlar, siempre y cuando uno esté preparado para hacerle frente. Eso fue lo que me pasó. Mi esposa, cansada de no ver progresos en mí y en nuestra relación, me informó que planeaba irse de la casa. Me lo dijo sin dramas, más como quien avisa que se va a ir de vacaciones, que quien rompe un matrimonio. Por algunas señales yo sabía que ella ya estaba pensando hacer algo así, no me sorprendió, ni me dio el miedo que yo pensé que me daría llegado el momento de la separación. No es que lo estuviera esperando ni fomentando, pero uno se tiene que preparar. Fueron largas, largas noches en las que dormimos separados. Ella en el sillón (porque así lo quiso) y yo en la cama, a mis anchas, pero solo. También fueron largas, casi interminables charlas en las que nos desahogamos de muchas, muchas cosas que traíamos atoradas desde hac...

Miedo a todo y nada

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Caí en la cuenta de que parte de todos mis males ha sido el miedo. Miedo a lo desconoido, obviamente, y a repetir la malas experiencias que, vistas desde un tonto y pobre ángulo, han sido muchas y muy malas. Digo desde un tonto ángulo por mi incapacidad de hacerles frente, aprender de ellas, defenderme y seguir adelante. Así, mi miedo al rechazo me ha arrinconado a la inacción, al olvido casi total.

Dos semanas en el desierto

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Ojalá hubieran sido 15 días de soledad entre dunas de arena, pero fueron días, largo y tortuosos en los que me quedé "sólo" en la chamba, sin mi principal apoyo profesional y psicológico en la oficina. Me quedé solo, a cargo de una resposabilidad que yo no pedí y que, lastimosamente, creo que terminó por vencerme. De pronto, me vi entrando a una sala llena de gente que de entrada me parecía (y me sigue pareciendo) hostil, con la única intención de atacarme... Creo que se trata de alguna fobia que por alguna razón había mantenido oculta. Le tengo pavor a las juntas, a hablar en público, y sobre todo, a ser rebatido. No lo puedo ocultar, se me nota en el tono de voz, en el sudor en las manos, ya de por sí copioso, se me nota en las miradas furtivas que lanzo a mis compañeros, y en el silencio que dejo se filtre cada vez que me interrumpen, o me comentan algo. Recuerdo que cuando estaba en la escuela, hasta llegué a disfrutar de las exposiciones, de los exámenes orales, d...

De nuevo por acá...

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En realidad no sé cuándo fue la última vez que escribí en el blog. Pero han sido por lo menos tres meses en los que mi vida ha dado un giro, un vuelco, topes y marometas. Renuncié a mi trabajo, me mudé de departamento, entré a otro trabajo mucho, pero mucho más demandante, descubrimos mi esposa y yo que ha estado enferma desde hace muchos años sin que nadie se percatara al 100%... Mis problemas psicológicos disminuyeron al principio de estos tres meses de locura, pasión y esfuerzo. Estaba más preocupado por estacionarme, por llegar a algún punto estable, que por azotarme por cosas casi insignificantes. Pero la vida va poniendo trabas, muros, escaleras, lagos, ríos, algunas veredas, y puentes que facilitan o hacen más pesado el camino. Eso me ha pasado. De ser un simple redactor de un medio que apenas alguien leía, he pasado a ser el redactor de otro medio mucho más grande, aunque no por eso muy importante. Lo que sí ha subido son tres cosas: mi sueldo, mis responsabilidades y l...

Adiós Maru

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Hace dos semanas falleció una tía muy querida. Ha sido muy triste para todos. Su muerte resolvió su problema: no dejaba de sufrir por el fallecimiento de mi tío hace dos años. Estaba tan deprimida que incluso personas que no la conocían ni sabían de su sufrimiento podían notar que algo muy grave pasaba en su interior. No era una mujer muy grande. Tenía, creo, 58 años y murió de un paro cardiaco fulminante. Dirían que murió de tristeza. En esos días, egoísta como soy, pensé no en mi muerte, ultimadamente es la que menos me importa, sino en la de mis padres, de mi esposa, de mis seres más cercanos y queridos. Me da terror enfrentar esas muertes. Si por mí fuera, preferiría que ellos me enterraran. Creo que siempre es mejor irse que quedarse. La muerte de mi tía ha dejado una estela de sufrimiento: mis primos, sus nietos, sus hermanos. De veras prefiero mi muerte a la de los demás.

A un año del trabajo

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Apenas el pasado jueves cumplí un año de estar en el trabajo. Me siento bien y mal, como siempre. Bien porque este año me ha servido para estabilizarme, para valorar un trabajo sin muchas presiones, para aprender más sobre mí y sobre mi esposa. Lo malo es que durante este año no he aprendido absolutamente nada en el plano laboral... Profesionalmente estoy estancado y eso me preocupa. Esta chamba me sirvió para comer y pagar la renta durante este tiempo, para encontrar la estabilidad mental y espiritual que necesitaba, pero ahora que parece que ya la he alcanzado tendré que volver a venturarme, quizás, a enfrentarme con mis miedos, mis "limitaciones" de nuevo. Lo anterior definitivamente me da la esperanza de saberme fuera de la fuerte depresión que sufría hace un año cuando de plano no podía a veces ni levantarme del sillón frente a la televisión, o ir al refri para sacar algo para comer. Definitivamente no es lo mismo. Y aquí viene el otro pero: de salirme de este trabajo y ...