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Mostrando las entradas con la etiqueta televisión

Soy como Mumm-Ra, o la transformación bipolar

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Tengo que confesar otra cosa: fui (quizás todavía lo soy), fan de los Thundercats. Y la verdad es que nunca me identifiqué del todo con ninguno de los buenos. Más bien me intrigaba el ritual de transformación de Munra (Mumm-Ra, como se escribe originalmente) y su triste destino de descansar después de su transformación. Ahora, 20 años después, creo que este desdichado villano es una metáfora curiosa de mi bipolaridad.

Depresión por las noticias

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Aunque el tema principal de esta entrada es Haití y la forma en la que me ha impactado, he preferido no ponerlo en el título para no montarme en la ola noticiosa. Prefiero mantener mi línea antes de aprovechar el tráfico en los buscadores. Es imposible abstraerse por completo a sucesos tan dolorosos como el de Haití. Hace dos días, mi esposa me pidió que quitara las noticias de la televisión porque las imágenes eran muy fuertes. Accedí sin decir nada. Minutos después me reclamó mi falta de sensibilidad. “Eres como de piedra”, o algo así me dijo. No, no soy de piedra, tampoco soy el hombre mas sensible sobre la Tierra, pero ante esta tragedia monumental he preferido quedarme en el papel de simple televidente, ya no digamos lector... Por qué lo he hecho... porque ya bastante tengo con mi propia dificultad de entenderme y llegar al trabajo cada día como para afligirme por lo que pasa a miles de kilómetros a gente que nada tiene que ver conmigo. No soy psicópata... al menos que me lo...

Supermartes de depresión (o Un par de cumbias)

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Como la Ley de Murphy, pocas. Sin duda. Apenas me jactaba de lo bien que me va sin las pastillas, apenas me estoy sientiendo bien por sentirme bien sin las muletas alopáticas y ¡Bang! Viene la depresión . Fue el martes y miércoles de la semana antepasada. Sólo dos días que me parecieron el aviso y el recuerdo más aterrador. No supe ni cómo llegó. De pronto el martes me levanté casi normalmente, aunque con ese leve sentimiento que me lleva a pensar: “No, qué hueva ir hoy a trabajar, mejor me quedo en la casa y digo que me enfermé”. Pero lo supero como puedo y voy a trabajar. Y ya sentado frente a la computadora, con una lista de pendientes que bien puede esperar un día más, me dejo llevar por ese sentimiento que no sé de dónde viene y que me fustiga. ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué hago aquí? ¿Qué tengo yo que ver con todos ellos? ¿Me gusta en serio mi trabajo? ¿De qué sirve que me esfuerce si nadie valora lo que hago? ¿En serio a alguien le importa? Si abandono justo ahora la oficina y me s...

El equilibrista

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Después de un tiempo de andar sin medicinas, uno se siente, al principio, renovado, como si una nueva oportunidad de vivir sin muletas se presentara intempestivamente. Después de una o dos semanas, cuando por cualquier pretexto el ánimo decae, se comienza a dudar acerca de la conveniencia de terminar con el tratamiento psiquiátrico ante la posible embestida de una depresión de cuyo desenlace no se sabe absolutamente nada. Y sí, entonces viene una depresión que parece inofensiva, que parece pasajera ocasionada por un mal día, alguna palabra emitida por alguna persona amada que explotó en un momento de ira y ¡paf!, ahí estás de nuevo sufriendo la autocompasión que tan bien viene en estos casos. Pasan entonces los dos días que ahora he aprendido a sobrellevar a pesar de todo lo que pase... hasta ahora. En estos dos días comienzo a tratar de sentirme mejor, a veces sin éxito inmediato, pero con buenos resultados al final. ¿Me siento valiente? No, más bien un poco estúpido, como si fuera...

Mis días frente a la tele

Me levanto, desayuno un café, pedazo de pan, y si hay, gelatina de naranja. Luego me dejo caer en el sillón frente a la televisión y ahí permanezco el resto de la mañana. Veo los programas para señoras, chismes de actores de telenovela, recetas de cocina y belleza, concursos de perros y adolescentes que bailan, caricaturas japonesas, caricaturas gringas... Después de las 4 de la tarde me da hambre, pero me la aguanto, sé que pronto pasará, y pasa. Después de las 7 de la tarde me siento ya un poco mareado y me levanto y voy a la cocina, abro el refri, saco lo que Diana dejó preparado, lo pongo en un plato, luego al micro y de ahí al sillón otra vez. Como sin ganas, dejo el plato junto al sillón y espero a que ella regrese... Sé que soy bipolar Al día siguiente me levanto, desayuno un café, pedazo de pan, y si hay, gelatina de naranja...