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Mostrando las entradas con la etiqueta Crónica

Qué pelea

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Esta sí que fue una pelea original. Después de más de 30 años de conocernos y creo que nunca me había dado un encontronazo de este calibre con mi propia hermana. Eso habla principalmente de dos cosas: nuestra total carencia de comunicación y el casi nulo interés que cada uno tiene por el otro.

Sueños de un seductor bipolar

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La escena es más o menos la misma siempre. Me subo al vagón del Metro o al camión, busco primero lugar, pero una vez instalado, comienzo a scanear a la gente. Primero las mujeres y luego los hombres; éstos sólo cobran importancia en función de la relación que tengan con las chicas. Y éstas son relevantes en la medida en que sean atractivas. Si no me gustan, las desecho rápidamente. ¿Para qué? Es sólo un juego, un tonto pasatiempo en el que en mi mente logro seducir a una mujer con sólo mi presencia y una mirada furtiva.

Identidad bipolar y autosabotaje

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Siempre he creído que en realidad no sé quién y cómo soy. Tengo la sensación de estar engañando siempre a la gente acerca de exacta y realmente quién soy. Y de paso, me miento a mí mismo. Una mezcla de negación de la persona y un poco de vergüenza por aceptar lo que de veras quiero y pienso. En el baño de mi casa no tengo espejo porque a veces no me puedo mirar a los ojos y enfrentar la realidad: sigo sin saber qué quiero de mi vida. La ocasión en que esto me estalló en las manos, provocando una de las crisis de depresión más profundas en mi vida, sucedió cuando renuncié a mi primer y posiblemente mejor trabajo. Entonces era un estúpido joven de 24 años, recién salido de la universidad y con la certeza de poder comerme el mundo. Salí de la facultad y comencé mi carrera profesional de manera meteórica. Si pudiera hacer una metáfora con el béisbol, podría decir que era el novato del año. Joven, inteligente, fuerte, no muy hábil, pero con una facilidad notable para aprender. Bipolar tam...

Todo por una firma

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¿Importa el día, la hora, el año? ¿Importa si me pasó a mi, o a otra persona? Creo que no. El punto no está ni siquiera en quién era el grupo o el artista que provocó que sufriera una de mis crisis más graves de neurosis y manía. Sí, no importa si esto me pasó a mí, o a una persona que me lo contó tan vívidamente que ahora puedo relatarlo como si fuera mío. Fue en una tienda de discos que ahora ya no existe. Es lo único que recuerdo. Aunque quisiera, no puedo mencionar el nombre del grupo... porque sí sé que fue un grupo extranjero el que firmó discos esa tarde en esa tienda de música de dos plantas que ya desapareció. Y qué bueno que ya no está, porque además de que olía mal, a viejo y a mugre, fue la culpable de que casi me desmayara del coraje. A mí me mandaron del periódico donde trabajaba a cubrir una firma de autógrafos. ¡Carajos! ¿A quién le interesa la firma de autógrafos de un grupo cuando unas horas más tarde iba a dar uno de los conciertos más esperados del año? Pero tuve...

Mi otro yo bipolar

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Y sí, sigo escribiendo sin mayor objeto que estar presente. Trato de estar, de permanecer, de seguir aquí sin mucho éxito. Trato de escribir, trato, trato, trato, trato, trato, trato, trato. Trato también de recordar, eso que tanto trabajo me cuesta porque no me gusta pensar. Me gusta más imaginar de vez en vez que mi vida no es ésta. Que justo ahora alguien más me lleva en su mente y me inventa la tristeza sólo para no aburrirse y probar hasta dónde llego. No me quiere, sin duda no me quiere. Si esa cabeza universal realmente me tiene en su interior, quisiera que nunca me dejara solo, que me acompañara hasta el final que él decida, pero que por favor me deje en paz, me deje respirar y sentir, al menos por un momento, un poco de tranquilidad, un poco de bienestar. No mucho, no soy exigente, tampoco soy tan egoísta. Sólo de vez en cuando, lo suficiente para sentir que la cárcel vale la pena, que este malestar continuo que parece inevitable y eterno tiene tregua, una oportunidad de r...

De la extorsión a la revelación

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Siempre escuchamos historias de gente que fue secuestrada o extorsionada. Pero nos es hasta que lo tenemos cerca, cuando nos damos cuenta de la magnitud del daño que este tipo de cosas pueden causar. Hace dos o tres años le tocó a mi familia pasar por un pequeño, pero traumante suceso. Un sábado por la mañana mi esposa y yo salimos a desayunar con una amiga a un Sanborns cerca de donde vivíamos. Pasábamos una mañana de lo más normal cuando sonó mi teléfono celular. Era mi madre que me preguntaba notablemente asustada si estaba bien, si no me pasaba nada.

Y sí, casi lloro

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No me gusta el futbol. De hecho me parece un deporte un tanto primitivo. Soy fan del baseball, de hecho lo jugué cuando era adolescente. Pero no puedo negar que el día que México le ganó a Francia, casi lloro. No por que le ganara, de hecho eso me sucedió como dos horas antes del partido

Una dolorosa vuelta al pasado

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Tengo casi 30 años, en 2003 terminé la carrera, pero nunca me titulé. De hecho no comencé mi tesis. La historia de siempre: primero me dio flojera, luego comencé a trabajar y encontré la mejor excusa para retrasar el proceso. El pasado fin de semana regresé a la facultad para retomar el papeleo y ver qué tan fácil o difícil será hacer la tesis, y el tema técnico parece ser sencillo, pero la parte emocional, sí esa que se relaciona con sudoración, taquicardia, mareo, súbito hundimiento del estómago y un poco de náusea, resultó ser más complicado.

Sociología del cadenero (Pequeñas crónicas)

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Contrario a las buenas costumbres mías, acudí junto con mi esposa a un antro en Insurgentes donde se baila salsa. Debo apuntar en descargo que lo hice por mera solidaridad con una buena amiga que ahí quiso festejar su cumpleaños. Como hacía mucho, pero mucho tiempo no asistía a locales de este tipo, había olvidado el perfil cuasi patológico del cadenero. Cuando era un poco más joven, de hecho, cuando era adolescente, llegué a ir a este tipo de bares (o discos, o como se llamen) en los que tienes que hacer fila para entrar, y casi rendirle pleitesía al sujeto que permite la entrada basado en criterios incompresibles y obtusos como la apariencia y la vestimenta de los necios que intentan, por alguna extraña razón, entrar al mentado antro. El perfil de estos rufianes es el mismo para todas las situaciones. Físicamente deben ser imponentes, ya sea fornidos, o francamente gordos, feos siempre y de pésimos modales. El poder que se les concede al cuidar la entrada del codiciado lugar les da ...

Carrera por un limón (Pequeñas crónicas 2)

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¿Importa que sea domingo a las diez de la noche cuando la mujer que amas tiene antojo de una sopa Maruchan con limón? No. Sobre todo si el abundante flujo nasal provocado por la gripa le impide pronunciar bien y en lugar de decir Maruchan dice algo que mi autocensura me impide, incluso, recordar... Entonces salgo con todos los cuidados que el barrio bravo exige. Lugares, pocos y las señoras que venden tacos en el Eje Central seguro que me venden uno, pero no. Resultan ser más cuidadosas de su negocio de lo que cualquiera pudiera esperar. El valor de un limón en una noche de domingo puede aumentar tanto que impide su venta; hay que velar por el prestigio del changarro. Me indican la ubicación de una tienda enclavada en los márgenes del barrio de enfrente que es todavía más bravo y, con temor de salir asaltado en el menos feo de los casos, me entrego al derrame total de adrenalina para dar esos pocos pasos hasta la mentada tienda. Conforme los recorría los pocos metros desde la avenida h...

El cumpleaños (Pequeñas crónicas 1)

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Sí, sí la camaradería, los abrazos, los besos, las pláticas con los viejos amigos, con los no tan viejos, con la familia querida y la otras más obligatoria. Sí, sí también el mole con pollo, las papas con chorizo, la tinga, las rajas con elote y queso, las tortillas de ley, todo servido en platos rectangulares de unicel. Y para pasarlo: refrescos, algunas cervezas y agua de tamarindo que, a los menos afortunados (o sea mi esposa, una amiga y a mi), nos causó una memorable diarrea. Y qué bonitos momentos en la fiesta. Con las fotos del recuerdo con los amigos, el sobrinito, los tíos, la suegra y los viejos caseros que nos prestaron su roof garden de vecindad, apenas un tejabán entre los tinacos y los tanques de gas. Y aquí se habla de política y allá de las travesuras del niño y de su hermanito que viene en camino; en aquella esquina junto al tinaco los tíos se reencuentran y no sé de qué hablan y en el sillón el primo y su novia cayeron dormidos. En qué quedó la telenovela, qué buenas...

En un punto no muy lejano del presente

Cronológicamente no tiene sentido contar la historia. El orden nunca ha sido mi fuerte. Más valdrÌa comenzar por un punto intermedio, un punto que se debata entre la locura, la cordura y la total falta de ganas de seguir adelante. Este punto comenzó en septiembre del año pasado. Me habÌan corrido de mi trabajo (al que amaba profundamente) y hasta cierto punto estaba feliz... (sí cómo no, una de las cosas que más me han afectado de la bipolaridad es la confusión que me crea no saber en qué momento estoy feliz, en cuál triste, en cuál deprimido y en qué otro eufórico...) Me habÌa librado de la vieja maldita que era mi jefa y me habÌan retribuido medianamente bien cuando salí. El problema es que en esos días entraron a mi casa y robaron varias cosas de valor. Entre ellas, una computadora nueva que compré con la liquidación y mi hermosa y adictiva Xbox. Ahí comenzó la parte más dura de las depresiones que he sufrido. No me pude levantar. Me fue imposible. Pasaron días, semanas, incluso mes...

Mi primer texto...

Precisamente no es mi primer texto. He escrito mucho, pero nunca en este medio. Siempre hay una primera vez para todo. En este espacio, virgen casi como se puede apreciar, escribiré acerca de las cosas que a una persona como yo le sucede a diario, hora con hora, minuto con minuto. Hace unos años me diagnosticaron Trastorno Bipolar tipo 2. Desde entonces sé que vivo con este padecimiento, y desde entonces estoy en tratamiento. De esto escribiré. No del acontecer diario de mi vida, que creo que no le interesa a casi nadie, sino de cómo los efectos del TB afecta el día con día. No hay truco, no hay nada escondido. Simplemente compartiré mis experiencias buenas y malas y espero que quien las lea se quede con algo bueno. Saludos.