Y sí, sigo escribiendo sin mayor objeto que estar presente. Trato de estar, de permanecer, de seguir aquí sin mucho éxito. Trato de escribir, trato, trato, trato, trato, trato, trato, trato. Trato también de recordar, eso que tanto trabajo me cuesta porque no me gusta pensar. Me gusta más imaginar de vez en vez que mi vida no es ésta. Que justo ahora alguien más me lleva en su mente y me inventa la tristeza sólo para no aburrirse y probar hasta dónde llego. No me quiere, sin duda no me quiere. Si esa cabeza universal realmente me tiene en su interior, quisiera que nunca me dejara solo, que me acompañara hasta el final que él decida, pero que por favor me deje en paz, me deje respirar y sentir, al menos por un momento, un poco de tranquilidad, un poco de bienestar. No mucho, no soy exigente, tampoco soy tan egoísta. Sólo de vez en cuando, lo suficiente para sentir que la cárcel vale la pena, que este malestar continuo que parece inevitable y eterno tiene tregua, una oportunidad de r...