28 nov. 2013

Así las cosas

He abandonado este espacio, como siempre lo hago. Pero ahora tengo una razón de peso. Hace ya casi tres meses que nació mi primer hijo. El parto fue largo y complicado, pero al final el bebé salió bien y mi esposa se ha recuperado rápidamente de un parto doloroso.
¿Qué tiene que ver la llegada de mi hijo con mi bipolaridad? Parece una cuestión obvia, pero de todas maneras creo que tengo que escribirlo.
 
Mi hijo nació con una condición especial en su mano izquierda. Por alguna razón desconocida, cuatro deditos no se le desarrollaron del todo, sólo tiene el dedo pulgar completo. De ahí en fuera, el niño es fuerte y sano como el que más. Es un poco neurótico, pero eso se entiende por los padres que le tocaron.
 
En ese primer momento que lo vi, apenas unos segundos después de salir del interior de su madre, supe que mi hijo tendrá una vida un poco más complicada que muchos de nosotros que no tenemos una condición física diferente.
 
No lo voy a negar. Las horas siguientes fueron contradictorias. Por un lado estaba feliz de la llegada de mi hijo, pero estaba triste porque tendrá que pasar por algunos sufrimientos extras... 
 
Llegué incluso a reclamarle a Dios por darle a mi hijo esa condición... Me desahogué y luego simplemente le di las gracias por enviarme un hijo que ahora, ya casi con tres meses, es bello y muy sano (en ese momento era solo muy sano...).
 
Estos tres meses han significado un vuelco en mi vida. No sólo he tenido que aprender a vivir y cuidar a esta personita sino que he descubierto que puedo llegar a sentir un amor y una admiración profunda por mi hijo. Me veo ahora no sólo como un sujeto que vive con su esposa y trabaja en la oficina, sino como un padre (cualquier cosa que eso signifique). Y la verdad es que me encanta, me fascina. La sola idea de pensar que tengo frente a mi la posibilidad de guiar a una persona, de comunicarle lo poco o mucho que he aprendido de esta vida en mis 33 años de experiencia y crecer y seguir aprendiendo de él y con él... eso me llena de entusiasmo e ilusión. 
 
Sé que la bipolaridad es como la marea que sube y que baja. Sé que quizás esté en una etapa hipomaniaca, que me durará poco y que luego vendrá la depresión. Sé que eso puede pasar, es inevitable con mi condición. Pero también tengo la esperanza de que este ánimo permanezca, que el amor tan grande que siento por él nunca desaparezca y me dé la fuerza y el empuje para hacer las cosas que tengo que hacer.
 
Tengo esta ilusión y sólo espero que el tiempo me lo confirme.

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