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Dos semanas en el desierto

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Ojalá hubieran sido 15 días de soledad entre dunas de arena, pero fueron días, largo y tortuosos en los que me quedé "sólo" en la chamba, sin mi principal apoyo profesional y psicológico en la oficina. Me quedé solo, a cargo de una resposabilidad que yo no pedí y que, lastimosamente, creo que terminó por vencerme. De pronto, me vi entrando a una sala llena de gente que de entrada me parecía (y me sigue pareciendo) hostil, con la única intención de atacarme... Creo que se trata de alguna fobia que por alguna razón había mantenido oculta. Le tengo pavor a las juntas, a hablar en público, y sobre todo, a ser rebatido. No lo puedo ocultar, se me nota en el tono de voz, en el sudor en las manos, ya de por sí copioso, se me nota en las miradas furtivas que lanzo a mis compañeros, y en el silencio que dejo se filtre cada vez que me interrumpen, o me comentan algo. Recuerdo que cuando estaba en la escuela, hasta llegué a disfrutar de las exposiciones, de los exámenes orales, d...

Las mismas tonadas

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Qué puedo decir en mi favor, que estoy enfermo, que a veces no me puedo controlar, que se me bota la canica, pero al final el resultado es más o menos el mismo: termino hiriendo a la persona que más amo, a la que ha permanecido a mi lado los últimos tres años a pesar de todo, incluso de nosotros mismos. Así me pasó. Fue un mal día para ambos y ya los dos estábamos hartos de que las cosas no nos habían salido como hubiéramos querido. Entonces surge una pequeña diferencia como comer pizza o pechuga y oh... drama familiar con gritos manotazos y terribles miradas... en plena calle, enfrente de los vecinos que a diario nos ven partir por las mañanas, y con un buen amigo como otro vergonzoso testigo de lo mal que la cosa se puede poner. En fin, que el pleito duró el resto de la tarde y parte de la noche, hasta que ambos nos cansamos y decidimos dar por terminada la pelea para dar paso a darnos mutuos lenguaetazos en las heridas. Ya mi lengua y mi saliva a veces me parecen insuficientes p...
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Sí, sigo teniendo ese pequeño problema de no poderme creer que realmente soy lo que pretendo ser. Es una cuestión tan añeja como mi vida misma. Cuando era estudiante, no creía realmente que pudiera ser tan buen estudiante. Ahora que soy, o que intento ser un profesional, me cuesta todavía más trabajo asirme a un concepto de mí mismo que por alguna razón, me niego a aceptar... aunque en realidad ya lo soy. Supongo que se debe a un temor inconfesable a la responsabilidad, al compromiso de dar resultados, a rendirle cuentas a una autoridad que, del todo, no reconozco. Puedo pensar que todo se resolverá con el tiempo, que el tiempo, los días me darán la claridad para aceptar lo que soy; o ir cambiando poco a poco, y sin esfuerzo, lo que soy. Pero desafortunadamente yo sé que no es así. Esto no es cosa de fe, los cambios no se dan sin esfuerzo, de manera mágica. Hay que trabajar, y además hacerlo duro para que las cosas fluyan, para que pueda en un momento dejar el piloto automático y p...

De nuevo por acá...

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En realidad no sé cuándo fue la última vez que escribí en el blog. Pero han sido por lo menos tres meses en los que mi vida ha dado un giro, un vuelco, topes y marometas. Renuncié a mi trabajo, me mudé de departamento, entré a otro trabajo mucho, pero mucho más demandante, descubrimos mi esposa y yo que ha estado enferma desde hace muchos años sin que nadie se percatara al 100%... Mis problemas psicológicos disminuyeron al principio de estos tres meses de locura, pasión y esfuerzo. Estaba más preocupado por estacionarme, por llegar a algún punto estable, que por azotarme por cosas casi insignificantes. Pero la vida va poniendo trabas, muros, escaleras, lagos, ríos, algunas veredas, y puentes que facilitan o hacen más pesado el camino. Eso me ha pasado. De ser un simple redactor de un medio que apenas alguien leía, he pasado a ser el redactor de otro medio mucho más grande, aunque no por eso muy importante. Lo que sí ha subido son tres cosas: mi sueldo, mis responsabilidades y l...

¿Quién es mi madre?

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Ahora me desconozco, pero descurbrí que también desconozco a mi porpia madre y que a su vez ella me desconoce a mi. Total que llego al umbral de los 30 años sin tener una clara idea de quien soy, a dónde voy y quien me dio la vida. ¿Quién es mi madre? Supongo que no soy el primero que se hace esta pregunta. Aprovecho que ella y mi padre están Cuba para pensar sin que ellos me vean, JA. El escabroso tema surgió en mi terapia con la psicóloga y oh sorpresa, resultó que somos un par de desconocidos. Ella ansiosa de conocerme y yo desesperado por huir de ella. Supongo que lo he sabido desde hace mucho, peor hacerlo consciente es el problema. Creo que de eso se tratan las dos horas que paso con la psicóloga: hacer visible algo que originalmente no causa problema, pero que va carcomiendo el alma. En serio: cuando yo no estoy y se agarra a la pobre de mi esposa, le dice cosas horribles. Piensa que yo soy un discapacitado físca, moral y emocionalmente. Y no niego que algo de cierto habrá, per...

¿Eres tú, depresión?

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Hoy no fui a trabajar. No estoy enfermo, simplemente me dio mucha flojera y supongo que ya desde ahi está mal.Me siento un poco culpable por simplemente no haber ido, creo que es síntoma inequívoco de que estoy deprimido, o al menos comienzo a estarlo. Han ocurrido cosas en la oficina que no me gustan, que me han hecho sentir inseguro, amenazado, vulnerable, y eso me asusta. Ha pasado ya más de un año y esta es la primera vez que me siento así, tan indefenso. Hace tres días renunció una buena compañera (y amiga) por razones que no tienen el peso como para haber renunciado, fue más una cuestión personal con mi jefe que una verdadera razón laboral. Cometió errores, sí, pero también mi jefe, y ninguno de los dos estuvo dispuesto a poner sus disputas de poder por encima de la chamba y superar sus rencillas. El resultado es que perdimos a una gran trabajadora y a una buena amiga. El problema es que el ambiente en la oficina se ha enrarecido más de lo que ya estaba. Hace falta una persona...

Por el rabillo del ojo (o Dos caídas, un día)

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Mirar de reojo para mi se convirtió en lago cotidiano, pero sobre todo, consciente. Es un hecho que todos tenemos, en mayor o menos grado, desarrollada la visión periférica que es aquella que nos permite ver a nuestros costados de manera involuntaria. Hace muchos años para mí era natural mirar de esta manera cuando jugaba baseball. Así espiaba los corredores de primera y segunda que abrían descaradamente. Luego apliqué la misma técnica para cruzar la calle. No me es totalmente necesario girar la cabeza para saber si viene o no un coche. Esta visión es también la que me avisa en el metro o en la calle cuando alguien me está mirando fijamente. Es algo casi instintivo. Una vez que registro la insistencia de una mirada, me muevo para asegurarme que efectivamente es a mí a quien vigilan. Luego los encaro descubriéndolos en flagrancia. Hoy en dos ocasiones hice caso omiso a mi visión periférica. A pesar de que con el rabillo del ojo me di cuenta de que dos cuerpos caían, no hice nada por rem...