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Ciclotimia en el Caribe

Me dice mi esposa que en los últimos meses he tenido algunos pequeños desplantes de depresión e hipomanía. Nada grave. Yo la verdad no los recuerdo, no los he notado. Pero claro, no es raro. Tengo varios meses tan ocupado tratando de concentrarme para trabajar, intentando entender la realidad de un país ajeno y adecuarme a una ciudad desconocida, que he descuidado mis reacciones. No las he visto. Y es que no tengo las grandes depresiones ni los desplantes neuróticos que tenía hace años. Espero que todo eso ya haya pasado para ya no regresar. En esos días yo tomaba medicinas e iba al psicólogo y al psiquiatra. Hoy estoy solo, sin medicinas y sin terapia. A pesar de eso y de esperar un bebé, me he mantenido muy tranquilo, muy estable. Me dice mi esposa que de repente le preocupa que por la mañanas me tarde tanto en levantarme, que tenga sueño durante todo el día y que de repente las palabras tardan en caerme desde la cabeza hasta la lengua. Le preocupa, por otro lado, que hay días en los...

Cucarachas

Tengo 32 años, y siempre había vivido en la Ciudad de México donde estos inmundos insectos son comunes sobre todo en calles del centro histórico, tiraderos de basura y casas en las que la limpieza no es una prioridad. Nunca había tenido que compartir el piso, las gavetas, el baño, la sala, el refrigerador, el clóset y hasta la cama con ellas. Pero apenas llegué a San Juan tuve que adaptarme a ellas. No es que me espante de que mientras coma en la mesa de mi departamento tenga que espantar a las cucarachas de la mesa, ni que me llene de terror que uno de estos insectos recorra con sus patitas el cuerpo de mi esposa mientras duerme, tampoco es que me sea muy incómodo servirle a mi mujer de guardia mientras cocina para que ningún bicho se acerque a su mesa de trabajo, no nada de eso. Son nimiedades que, al parecer en esta tierra son normales. Cuando comenté a gente de la isla la situación que estaba viviendo en casa con estos seres, la respuesta común que recibí fue un simple "uhmm...

Uno a la vez

Regreso. De nuevo a escribir aquí. De nuevo a excavar, a rascar, a pelar y exprimir. De nuevo a esta tarea medio masoquista que es mirarse uno mismo desde dentro, tratar de recordar lo hecho, lo pensado y armarlo en un rompecabezas para poder ponerlo en negro sobre blanco de la mejor manera. De nuevo a exponerse, de nuevo a arriesgarse en un momento complicado. De nuevo a escribir. Ha pasado más de un año desde que publiqué algo en esta bitácora. Pero no me he olvidado de ella. La tenía muy presente. He revisado los comentarios que siguen llegando de ustedes que caen en esta dirección buscando una respuesta,  encontrando sólo las palabras de un enfermo. Agradezco la confianza, agradezco los comentarios y me enorgullece que incluso hay quien regresa para ver si he escrito más. Por uno que lo haya hecho me siento enormemente feliz. Hoy he vuelto a escribir. La verdad es que no sé por qué lo hago. He podido estar más o menos bien sin hacerlo por un año y de pronto he tenido la neces...

Viajo bajo control

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí en este espacio. Es fácil ver la fecha del último post, pero eso no sirve. He olvidado tantas cosas que este blog me recuerda una parte de mi que, espero, poco a poco voy dominando. En los últimos meses la enfermedad me ha hecho poco o nada. Vista mi conducta desde el ángulo de la depresión y a hipomanía, tendría que decir que lo he controlado muy bien, con todo y las grandes emociones que he pasado. Podría pensar también que es precisamente a esas grandes emociones que me he sentido bien... Podría ser. Mi punto es que la depresión no me ha ganado y a la hipomanía pude controlarla. Enero y febrero fueron dos meses llenos de emociones por cuatro eventos que, sin planearlo, se sucedieron de forma encadenada. En un lapso de tres semanas hice mi examen profesional, me tomé unas curiosas vacaciones donde me reencontré con una parte de mi familia que hacía años no veía, luego realicé mi primer viaje al extranjero a Bogotá, Colombia d...

Ya habrá tiempo

Por ahora no hago nada. Me siento aquí, tan campante como si la vida no existiera, como si el tiempo fuera un pedazo de goma de mascar que se estira y se mete entre los dientes, inofensivo y placentero. Sólo tengo una certeza: no sé a dónde voy. Esperaba que las palabras me lo dijeran que las oraciones me marcaran un destino y un camino, pero la verdad es que ellas tampoco lo saben. Y cómo lo van a saber si están en medio de la nada, saliendo de mi cabeza hueca, desorientada y anodina. Siempre el tema es el control y el miedo a perderlo. Por eso no tomo, no fumo no me drogo, no tengo amigos, no tengo amantes, a veces ni siquiera me tengo a mi mismo por miedo a perder el control y terminar haciendo lo que menos deseo hacer: perderme en medio de mis impulsos. Por eso escribo, para desahogarme, para dejar en blanco sobre negro lo que me asfixia, lo que me pone ansioso. Por ejemplo, llevo dos noches sin poder dormir bien. En parte porque mi esposa está enferma de la garganta y ronca com...

De nuevo Navidad

Podría quejarme como todos los años, pero no lo voy a hacer. No en esta ocasión. Me niego a repetir ese patrón, con las palabras de cada año, quejándome de todas las cosas de las que cada año me quejo. No es que esas cosas hayan cambiado o desaparecido. Al contrario, en esta ocasión han aparecido algunas variables más que de una u otra forma me están afectado de manera negativa. Pero no, no me voy a quejar. Por el contrario, creo que estas son buenas fechas para hacer un recuento del año que está acabando y ver los avances, los retrocesos, los éxitos y los fracasos que a la propia luz, hemos tenido. Cada uno hará su propio balance. Yo, por mi parte haré el mío. Me siento satisfecho. Como hace muchos años no lo sentía, creo que este año ha sido muy bueno. Terminé mis sesiones con la psiquiatra, aunque sigo con medicamento. Y con la psicóloga he iniciado una etapa de autoaceptación de la cual me sentía muy lejos hace algunos años. Con mi esposa este año creo que no estuve al bord...

Una llamada

Leonardo está despierto desde hace veinte minutos pero se resiste, sin mucho esfuerzo, a abrir los ojos. ¿Para qué? Ahí sigue el techo de tirol cuyas formas lo tienen tan aburrido como su propia vida. También ahí está la pared con el póster enmarcado de “La vendedora de alcatraces” de Diego Rivera que tanto odia. El baño sigue sucio de dos semanas, la alfombra está sembrada con bolitas de cabello, y hay una montaña de ropa sucia erigida desde tres semanas antes. ¿Para qué abrir los ojos? Tiene calor debajo de las cobijas. Seguro son más de las ocho de la mañana y es un día claro. Está boca arriba. Así amanece diario. Se duerme de lado, pero invariablemente en las mañanas despierta viendo el techo. Está cansado de lo mismo. Afuera la gente está en sus trabajos, tomando el primer café de la mañana, en el camión, en el metro rumbo a sus oficinas. Leonardo dejó de trabajar hace tres semanas. Renunció. Como en otras ocasiones, le bastó con un pequeño coraje para tom...