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De nuevo Navidad 2016

Es casi una tradición para mí escribir una entrada en este Blogger cuando se acerca Navidad. No es extraño. Es la época del año más difícil y deprimente para mi.  Y no es porque tenga malos recuerdos de navidades traumantes o que mi niñez haya sido muy dolorosa. Tampoco es que haya sido un jolgorio, pero no creo que sea algo para sentirse mal.  Es sólo que en estos días me da frío, la luz no es muy buena para el estado de ánimo y, sobre todo, hay una inevitable disputa por el tiempo. Todos quieren reunirse, todos quieren que estés con ellos para "pasar las fiestas" y la verdad es que yo lo único que quisiera es pasar mis días de vacaciones lo más tranquilo posible, haciendo las cosas que a mí me gustan y no lo que los demás quieren que haga. ¿Es eso demasiado pedir? Pues sí, así parece. Es tan estresante esto de las reuniones familiares. Con nadie se queda bien, a nadie se le da gusto. Cualquier cosa que uno decida tendrá detractores dispuestos a guardar rencores inútiles por...

Olvidos bipolares

En qué pensaba hace tan sólo un segundo atrás. No lo sé. Se me olvidó apenas pensé en escribirlo. En serio, se me olvidó para que empecé a escribir.  Me pasa todo el tiempo. Siempre. Me estoy bañando y pienso en lo que voy a hacer durante el resto del día, y apenas cierro la llave y todo se me borra. Por buenas o malas que sean las ideas, todas se me escapan. Es una especie de maldición, una disfunción de mi cerebro que se resetea cada dos minutos, haga falta o no. Y si pude tener una chispa, como supongo a muchos les pasa, de pronto estoy totalmente en blanco. Cierro la llave de la regadera y ya no sé qué sigue. Miro a todas partes y trato de rehacer los pensamientos, la línea que llevaba, el camino que creí haber trazado. Y así todo el día, en todo momento. En el trabajo si no anotó cada una de las instrucciones, planes, procesos, simplemen...

Sí, soy un amargado

Hablábamos hace unos días o meses, el tiempo me parece tan diluido, que en términos generales, estoy amargado. No es algo muy raro. Es muy posible que así sea. He pasado de ser una persona medianamente inteligente a una muy metida en su propia desgracia. Y ni hablar de la pérdida del disfrute. Mi poca posibilidad de gozar de la vida se hace patente en cada momento. Mi jefe, o al menos uno de ellos me lo hace ver cada vez que lo percibe. Me hace burla del gesto adusto que siempre tengo, del ceño fruncido, de la mirada dura, de mi silencio a prueba de todo: bromas, anécdotas o recuerdos. Incluso, a veces, a prueba de los buenos modales. De ahí que mi esposa diga que soy un amargado, de ahí que mucha gente cree que soy muy mamón. Y sí, las dos cosas son ciertas. Tanto que siempre tengo esa expresión de fuchi, de leve asco, de ligero hartazgo por la vida, como que soy un poco mamón. El punto es que no he logrado tener un punto de equilibrio entre el gozo y la crítica sana a la...

Sobre el tiempo libre (o cómo divagar ante el aburrimiento)

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Siempre es la misma cuestión: ¿De no estar haciendo esto, dónde y qué harías? Es decir, siempre, a esta hora (cualquiera que sea, observa tu reloj), sé lo que estaría haciendo de no estar aquí haciendo lo que sea que esté haciendo. Me pasa todos los días cuando trabajo; me pasa a veces cuando juego con mi hijo, me pasa cuando hago muchas cosas como ir al supermercado o hacer filas en el banco para hacer trámites en el gobierno. Y ahora que tengo la oportunidad de escribir a gusto, a mis anchas, he preferido ver la tele, o ver qué hay en las redes sociales. Cosas ambas que siempre me distraen, pero al mismo tiempo me hacen pensar en lo que quiero hacer... Es curioso pero es cierto. Cuando tengo esa sensación de que bien podría estar aprovechando el tiempo haciendo otra cosa, logro un cierto nivel de pensamiento, de ideas que de otra manera simplemente no llega. Lo mismo me pasa cuando escucho a las personas que me dicen cosas que no me interesan en los más mínimo y de i...

¿Qué buscan los depresivos?

Es decir, los que estamos deprimidos ¿qué tipo de información es la que buscamos? Por lo general, quienes tenemos este tipo de condición, sentimos que somos los únicos que nos sentimos así. Y lo más seguro es que ni siquiera sepamos qué es lo que tenemos. Simplemente nos sentimos mal y ya. Un joven de 15 o 16 años sencillamente no se levantará de su cama, o se la pasa frente a una computadora o jugando videojuegos sin saber exactamente qué pasa. ¿Por qué no tiene ganas de salir, de ver a sus amigos y por qué tiene una tendencia casi enfermiza por huir de casa dejar atrás a los padres, a los hermanos, a los abuelos y a todo aquel que le recuerde que es una persona infeliz? Eso es lo único que tiene claro: es una persona infeliz. No encuentra nada satisfactorio, nada de lo que hace, dice, piensa, ve, escucha, o siente le trae un mínimo placer. Es como si el cajón del bienestar se hubiera vaciado y nada de lo que intentas poner ahí lo llena. Sí. Así es. O al menos así me ...

Al psiquiatra y sin antidepresivos

Entré de nuevo en una especie de espiral de depresión. No me podía levantar, no me reconocía en el espejo, pensaba en tirarme del puente cada día que lo atravesaba, no le encontraba mayor sentido a la vida... Lo de siempre, lo de cada vez que me pasa la depresión encima. En esta ocasión, tenía la nueva variable de no tener mucho dinero para las pastillas, además de tener la presión de mantener a mi familia, con un hijo, además, que requiere de mucha atención. Fui con la psiquiatra con la intención de desahogarme, sí, pero también con la idea de que me recetara pastillas para sentirme menos mal, por no aspirar a sentirme bien. Mi sorpresa fue que se negó a darme la receta para comprar pastillas. Me dijo que no quería tenerme medio adormecido en este periodo que ella considera importante para mí y mi hijo. Además de que la medicina siempre es más cara y eso conlleva a más estrés y más depresión. Es un círculo bastante difícil de romper. Al menos para mí que no gano mucho dinero. ...

Así en en Metro como en la calle

La toma del puente. 9:30 am El ejército de oriente, notablemente más voluminoso e integrado por hombres y mujeres vestidos y dispuestos para batirse con tal de llegar a tiempo a la oficina, madres apuradas con niños adormilados y alguno que otro obrero, tenía todas las ventajas para hacerse del paso en la estación Barranca del muerto. En el lado poniente, eran unos cuantos los que pretendían cruzar el paso sobre las vías: algunas familias ociosas, estudiantes de pinta, y uno que otro retardado con muy poca paciencia. Pero tenían una ventaja. Al frente del contingente, lenta, muy lenta, iba una anciana que bajaba penosamente por las escaleras ayudada por una andadera y alguna amiga ligeramente menos anciana. El ejército de oriente, conmovido con aquel vetusto ariete humano, se abrió mansamente.