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Una pila de mierda sobre mi cabeza

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A veces pienso que mi vida es como una gran pila de mierda que pende de un hilo sobre lo cabeza. Y entonces yo ando por ahí en el camino, tan campante como puede andar uno cuando el excremento más hediondo te amenaza a cada metro, a cada paso. Volteó hacia arriba, y la veo a solo un metro de distancia, pero por su olor sé que en cualquier instante eso me baña. Bastaría un soplo, un pequeño bache, un error mínimo para cagarla y quedar solo yo y mi gran pila de mierda. O peor aún, que cualquier persona ajena a mi vida, o incluso las más cercanas, llegue y le tiren una pedrada para que le caiga encima y solo se queden ahí parados para reírse mientras me hundo en la porquería. Qué mierda vivir así.

Acá sigo, dando tumbos y pena

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No me queda de otra. Acá sigo, sobreviviendo la vida, llevándola lo menos mal que puedo, aunque a veces de verdad es un milagro que no me encierre en el cuarto y que quede a dormir todo el día. La razón principal para que no lo haga es que los niños me lo impiden y mi esposa que saca a patadas. A penas amanece, los tres me sacan de la cama para lanzarme a la rutina a veces ya insoportable del trabajo, el trabajo, el trabajo.  Estoy cansado. Mucho. Estoy fundido. Si en la oficina no me quedo dormido sobre el teclado de la computadora es porque a mi jefa la tengo a sólo dos metros de distancia y a otros dos tengo a la secretaria, además de las decenas que compañeros que me observan a través de los malditos cristales. Ignoro cómo eran las oficinas de antes que no tenían vidrios, no eran las peceras de ahora que todo lo dejan ver: las miserias y las vergüenzas... Todo a la vista de todos para que pueda juzgarse y criticarse... Casi nadie aplaude o felicita cuando hay algún acier...

El ir y venir de un bipolar

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Lo siento por mí. Pero lo siento sobre todo por mi esposa que lleva muchos, muchos años pasando una y otra vez por lo mismo. No imagino lo aburrido y frustrante, lo desgastante y preocupante que debe ser pensar "a ver en qué momento se vuelve a deprimir este güey". "Ya viene Navidad y seguro se vuelve a tirar a la mierda". "Ya pasaron tres meses de haber iniciado su nuevo trabajo, ya casi le llega el bajón". Y luego, cuando sucede que me llega la depresión, cuando sucede que me deprimo, que me escucha por el teléfono triste, a punto de tirarme por el puente, debe ser todavía más complicado. Mantener la calma para no insultarme, para no encabronarse conmigo por volver a caer en la puta depresión. Y ya en la casa, mantener el mejor tono de voz, la mejor para para hacerme sentir que todo estará bien. Y yo entonces despotrico, una vez más contra el mundo, contra la vida, contra mi vida, contra el trabajo, la inseguridad, la mugre de la ciudad, la basura de g...

Mi terremoto interno

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Tengo un segundo hijo, el primero es más latoso que una gripa en primavera, mi esposa ya casi no me habla, me cambié de trabajo y he tenido muy muy malos días, y luego el terremoto. Y luego mi terremoto personal interno. Estoy deprimido. De nuevo tengo esta horrible sensación de que todo se me está derrumbando, que camino sobre una cama de arena suave y pegagosa que me va a tragar lenta e irremediablemente sin que yo no nadie pueda hacer nada por evitarlo. Y debiera estar tranquilo, "echándole ganas" para sacudirme el malestar, pero mi mente no me da. Simplemente no me da. Tengo una total indiferencia hacia prácticamente todo. Si me fuera posible me quedaría en cama todo el día hasta que la vida pase, hasta que algo se resuelva, pero soy un poco funcional. Al menos un poco, lo mínimo necesario, lo únicamente indispensable para mantener a mi familia a la que amo profundamente. Tengo sueño siempre. Se me cierran los ojos, no recuerdo prácticamente nada. Trabajo, actúo, ...

De nuevo Navidad 2016

Es casi una tradición para mí escribir una entrada en este Blogger cuando se acerca Navidad. No es extraño. Es la época del año más difícil y deprimente para mi.  Y no es porque tenga malos recuerdos de navidades traumantes o que mi niñez haya sido muy dolorosa. Tampoco es que haya sido un jolgorio, pero no creo que sea algo para sentirse mal.  Es sólo que en estos días me da frío, la luz no es muy buena para el estado de ánimo y, sobre todo, hay una inevitable disputa por el tiempo. Todos quieren reunirse, todos quieren que estés con ellos para "pasar las fiestas" y la verdad es que yo lo único que quisiera es pasar mis días de vacaciones lo más tranquilo posible, haciendo las cosas que a mí me gustan y no lo que los demás quieren que haga. ¿Es eso demasiado pedir? Pues sí, así parece. Es tan estresante esto de las reuniones familiares. Con nadie se queda bien, a nadie se le da gusto. Cualquier cosa que uno decida tendrá detractores dispuestos a guardar rencores inútiles por...

Olvidos bipolares

En qué pensaba hace tan sólo un segundo atrás. No lo sé. Se me olvidó apenas pensé en escribirlo. En serio, se me olvidó para que empecé a escribir.  Me pasa todo el tiempo. Siempre. Me estoy bañando y pienso en lo que voy a hacer durante el resto del día, y apenas cierro la llave y todo se me borra. Por buenas o malas que sean las ideas, todas se me escapan. Es una especie de maldición, una disfunción de mi cerebro que se resetea cada dos minutos, haga falta o no. Y si pude tener una chispa, como supongo a muchos les pasa, de pronto estoy totalmente en blanco. Cierro la llave de la regadera y ya no sé qué sigue. Miro a todas partes y trato de rehacer los pensamientos, la línea que llevaba, el camino que creí haber trazado. Y así todo el día, en todo momento. En el trabajo si no anotó cada una de las instrucciones, planes, procesos, simplemen...

Sí, soy un amargado

Hablábamos hace unos días o meses, el tiempo me parece tan diluido, que en términos generales, estoy amargado. No es algo muy raro. Es muy posible que así sea. He pasado de ser una persona medianamente inteligente a una muy metida en su propia desgracia. Y ni hablar de la pérdida del disfrute. Mi poca posibilidad de gozar de la vida se hace patente en cada momento. Mi jefe, o al menos uno de ellos me lo hace ver cada vez que lo percibe. Me hace burla del gesto adusto que siempre tengo, del ceño fruncido, de la mirada dura, de mi silencio a prueba de todo: bromas, anécdotas o recuerdos. Incluso, a veces, a prueba de los buenos modales. De ahí que mi esposa diga que soy un amargado, de ahí que mucha gente cree que soy muy mamón. Y sí, las dos cosas son ciertas. Tanto que siempre tengo esa expresión de fuchi, de leve asco, de ligero hartazgo por la vida, como que soy un poco mamón. El punto es que no he logrado tener un punto de equilibrio entre el gozo y la crítica sana a la...