2 nov. 2018

¿Y con qué dinero?

Si a penas tengo para la renta, la comida y el transporte. Con qué dinero voy a tomar cursos de literatura, escritura creativa, nuevas narrativas inglés, superación personal y pagar además las medicinas y los médicos de los niños y mi psiquiatra y mis medicinas caras caras caras.

No hay, no hay forma, no se puede.

Antes de gastar un peso en un doctor, que sé qué me va a decir: que tengo que relajarme... prefiero comprarme una bolsa de papas y hacer crunch. Por cierto, por comer tantos cacahuates me jodí lo dientes y de nuevo al dentista que no es nada barato, ni agradable y pierdo tiempo que bien pudiera aprovechar viendo la tele, abstrayéndome de mi vida en ruinas.

De dónde, de dónde saco más plata. Si estoy entre 12 y 16 horas metido en la oficina respondiendo cosas, preguntando otras y sin poder siquiera detenerme a pensar que afuera la vida sigue, que estoy pasando los días las semanas, los meses, los años más productivos de mi vida sentado frente a una computadora y siento que no produzco nada, que todo sigue igual pese a que se supone que mi trabajo debería ayudar en algo a la gente a pensar mejor, a ser más crítica. Nada de eso. Seguimos igual, peor, mucho peor que antes. Si tuviéramos que hacer un examen de conciencia quedaríamos a deber. Pueblo ignorante y sin valores. Y lo peor: jodido y sin ánimo de arreglar las cosas. Y aquí estoy, chillando por un poco más de dinero un respiro, un aliento, un espacio un poco más abierto que me deje dar pasos, mirar al frente, tomar aire...

¿Alguna idea? A mi todas me abandonaron, como las ratas que dejan el barco que saben se hundirá. Ni ellas me han tenido paciencia.



28 oct. 2018

Una pila de mierda sobre mi cabeza

A veces pienso que mi vida es como una gran pila de mierda que pende de un hilo sobre lo cabeza. Y entonces yo ando por ahí en el camino, tan campante como puede andar uno cuando el excremento más hediondo te amenaza a cada metro, a cada paso.

Volteó hacia arriba, y la veo a solo un metro de distancia, pero por su olor sé que en cualquier instante eso me baña. Bastaría un soplo, un pequeño bache, un error mínimo para cagarla y quedar solo yo y mi gran pila de mierda.

O peor aún, que cualquier persona ajena a mi vida, o incluso las más cercanas, llegue y le tiren una pedrada para que le caiga encima y solo se queden ahí parados para reírse mientras me hundo en la porquería. Qué mierda vivir así.


16 oct. 2018

Acá sigo, dando tumbos y pena

No me queda de otra. Acá sigo, sobreviviendo la vida, llevándola lo menos mal que puedo, aunque a veces de verdad es un milagro que no me encierre en el cuarto y que quede a dormir todo el día. La razón principal para que no lo haga es que los niños me lo impiden y mi esposa que saca a patadas. A penas amanece, los tres me sacan de la cama para lanzarme a la rutina a veces ya insoportable del trabajo, el trabajo, el trabajo. 

Estoy cansado. Mucho. Estoy fundido. Si en la oficina no me quedo dormido sobre el teclado de la computadora es porque a mi jefa la tengo a sólo dos metros de distancia y a otros dos tengo a la secretaria, además de las decenas que compañeros que me observan a través de los malditos cristales. Ignoro cómo eran las oficinas de antes que no tenían vidrios, no eran las peceras de ahora que todo lo dejan ver: las miserias y las vergüenzas... Todo a la vista de todos para que pueda juzgarse y criticarse... Casi nadie aplaude o felicita cuando hay algún acierto. Menos en mi oficio en el que cuando las cosas salen bien, nadie, nadie, dice absolutamente nada. Pero cuando hay un error, el peso de toda la autoridad, ese enorme árbol jerárquico que pende sobre la cabeza de todos los de a pie, se deja caer con fuerza atronadora... Ay.

Y en casa la historia no va muy lejos. Soy como un visitante, un invitado en la familia. Desconozco los procedimientos habituales, y cuando intento algo todo me sale mal. Es una especie de discapacidad social, familiar y profesional.



21 ene. 2018

El ir y venir de un bipolar

Lo siento por mí. Pero lo siento sobre todo por mi esposa que lleva muchos, muchos años pasando una y otra vez por lo mismo. No imagino lo aburrido y frustrante, lo desgastante y preocupante que debe ser pensar "a ver en qué momento se vuelve a deprimir este güey". "Ya viene Navidad y seguro se vuelve a tirar a la mierda". "Ya pasaron tres meses de haber iniciado su nuevo trabajo, ya casi le llega el bajón".


Y luego, cuando sucede que me llega la depresión, cuando sucede que me deprimo, que me escucha por el teléfono triste, a punto de tirarme por el puente, debe ser todavía más complicado. Mantener la calma para no insultarme, para no encabronarse conmigo por volver a caer en la puta depresión. Y ya en la casa, mantener el mejor tono de voz, la mejor para para hacerme sentir que todo estará bien. Y yo entonces despotrico, una vez más contra el mundo, contra la vida, contra mi vida, contra el trabajo, la inseguridad, la mugre de la ciudad, la basura de gente que la habita y lo mierda que me siento por todo eso. Luego viene el plan de acción: lo que se supone vamos a hacer, lo que esperamos que nos va a ayudar a sentirme mejor, a salir del bache en el que he vuelto a caer. Pero nada. Al día siguiente, luego de descansar un poco, de dormir o medio dormir unas seis horas, vuelvo a lo mismo, con un poco más de energía, con un poco más de vida, apenas lo suficiente para seguir adelante con esta vida que apesta.


Así han sido los últimos 10 ó 12 ó 13 ó 15 años. He perdido la cuenta de cuántos años llevo con estos ires y venires.


Me dijo mi señora que busque a mi psiquiatra para que me recete otra vez el medicamento que he dejado ya tantas veces. Pero no quiero verla. Las últimas dos veces que me sentí igual o peor que ahora, se negó a recetarme cualquier tipo de medicamento. Si antes me había puesto balines en las orejas para combatir la depresión, en las últimas ocasiones ni siquiera eso me dio. Me dijo que no lo consideraba necesario, que no me veía tan mal. Y quizás era cierto. No lo sé.


En la última sesión que tuvimos me dio algunos lineamientos para que hiciera una especie de meditación. Lo intenté. Lo he intentado. No sé si funcionó. Estuve con buen ánimo varios meses, sobre todo los primeros después de que ingresé a mi nuevo trabajo, así que no sé si me sentía bien por las "visualizaciones" que me recomendó la doctora, o porque estaba medianamente entusiasmado con el nuevo trabajo. Casi nueve meses después de estar en este nuevo proyecto, con todo el desgaste, con toda la presión y un ánimo que nada más no despega, creo que mi suerte acabó. El trabajo me pesa como si cargara un costal de cemento todos los días. No tengo ánimo para hacerlo. No tengo la entereza psicológica, espiritual para sacar lo que se supone tengo de positivo en mí, como profesional, si es que tengo algo de eso.


Lo que me queda, dado que no tengo ánimos, ni dinero, ni confianza en la doctora y sus remedios, es este blog, son las palabras, con las que trabajo, a las que amo y de las que tristemente cada vez estoy más alejado. Simplemente, tomar el teclado, pegarle y tratar de sacar lo que pienso o siento, me parece ahora un ejercicio desproporcionadamente complicado. En fin..

16 oct. 2017

Mi terremoto interno

Tengo un segundo hijo, el primero es más latoso que una gripa en primavera, mi esposa ya casi no me habla, me cambié de trabajo y he tenido muy muy malos días, y luego el terremoto. Y luego mi terremoto personal interno. Estoy deprimido.

De nuevo tengo esta horrible sensación de que todo se me está derrumbando, que camino sobre una cama de arena suave y pegagosa que me va a tragar lenta e irremediablemente sin que yo no nadie pueda hacer nada por evitarlo.

Y debiera estar tranquilo, "echándole ganas" para sacudirme el malestar, pero mi mente no me da. Simplemente no me da. Tengo una total indiferencia hacia prácticamente todo. Si me fuera posible me quedaría en cama todo el día hasta que la vida pase, hasta que algo se resuelva, pero soy un poco funcional. Al menos un poco, lo mínimo necesario, lo únicamente indispensable para mantener a mi familia a la que amo profundamente.

Tengo sueño siempre. Se me cierran los ojos, no recuerdo prácticamente nada. Trabajo, actúo, reacciono prácticamente por reflejo, pero casi sin conciencia. Como si nada de lo que pasa a mi alrededor me fuera a impactar.

Pero luego ocurre lo inevitable. Las cosas me están explotando en la cara por mi inoperancia, por mi ineptitud, por mi desgano, mi sueño eterno, mis desvaríos en vigilia.


15 dic. 2016

De nuevo Navidad 2016

Es casi una tradición para mí escribir una entrada en este Blogger cuando se acerca Navidad. No es extraño. Es la época del año más difícil y deprimente para mi. 
Y no es porque tenga malos recuerdos de navidades traumantes o que mi niñez haya sido muy dolorosa. Tampoco es que haya sido un jolgorio, pero no creo que sea algo para sentirse mal. 
Es sólo que en estos días me da frío, la luz no es muy buena para el estado de ánimo y, sobre todo, hay una inevitable disputa por el tiempo. Todos quieren reunirse, todos quieren que estés con ellos para "pasar las fiestas" y la verdad es que yo lo único que quisiera es pasar mis días de vacaciones lo más tranquilo posible, haciendo las cosas que a mí me gustan y no lo que los demás quieren que haga.
¿Es eso demasiado pedir? Pues sí, así parece. Es tan estresante esto de las reuniones familiares. Con nadie se queda bien, a nadie se le da gusto. Cualquier cosa que uno decida tendrá detractores dispuestos a guardar rencores inútiles por el resto de los días. ¿Que ganamos con estas celebraciones sino deudas económicas y sociales, familiares y personales. 
Hay una especie de fuerza gravitacional que nos empuja a jugar siempre con la culpa y los deseos de los demás. El chantaje se vuelve moneda  corriente y todo el mundo trata de acomodar lo mejor posible sus fichas para su propio  beneficio. Nada raro en esta sociedad tan poco empática. ¿Qué tiene de malo querer estar solo "en estas fechas"? El libre albedrío  parece ser ahora  comunitario y mis decisiones son tomadas de antemano y sin consulta previa.  La empresa me invita a una fiesta  obligatoria y me da vacaciones que yo no pedí. La familia organiza una cena que yo no quiero y el resto del mundo se empeña en venderme un montón de cosas que no quiero ni necesito.
Así las cosas en esta Navidad.
Felices fiestas.

23 sep. 2016

Olvidos bipolares


En qué pensaba hace tan sólo un segundo atrás. No lo sé. Se me olvidó apenas pensé en escribirlo. En serio, se me olvidó para que empecé a escribir. Me pasa todo el tiempo. Siempre.


Me estoy bañando y pienso en lo que voy a hacer durante el resto del día, y apenas cierro la llave y todo se me borra.


Por buenas o malas que sean las ideas, todas se me escapan. Es una especie de maldición, una disfunción de mi cerebro que se resetea cada dos minutos, haga falta o no. Y si pude tener una chispa, como supongo a muchos les pasa, de pronto estoy totalmente en blanco.Cierro la llave de la regadera y ya no sé qué sigue. Miro a todas partes y trato de rehacer los pensamientos, la línea que llevaba, el camino que creí haber trazado.Y así todo el día, en todo momento. En el trabajo si no anotó cada una de las instrucciones, planes, procesos, simplemente se me olvidan.Y en la familia, igual. Apenas mi esposa empieza a pedirme cosas en el super, lo tengo que anotar, si no, pasan al cajón del olvido.Estas líneas comenzaron con una idea totalmente diferente a esto, pero decidí cambiar el plan, como pasa con mi vida cada vez que la ruta es bloqueada, interrumpida o interceptada por cualquier cosa que me desvíe. Algo normal en los últimos 15 años.


Lo que menos me gusta de esta circunstancia es que cuando logro retomar el hilo, cuando hallo el camino que tenía fijado antes de perderme en mis propios pensamientos, entonces me doy cuenta de que en realidad no era tan buena idea, no es lo que realmente quería, no es lo que verdaderamente quería. 


Es una pena, una pérdida de tiempo, energía y ánimo enorme y lamentable.

13 sep. 2016

Sí, soy un amargado

Hablábamos hace unos días o meses, el tiempo me parece tan diluido, que en términos generales, estoy amargado.
No es algo muy raro. Es muy posible que así sea.
He pasado de ser una persona medianamente inteligente a una muy metida en su propia desgracia.
Y ni hablar de la pérdida del disfrute.
Mi poca posibilidad de gozar de la vida se hace patente en cada momento. Mi jefe, o al menos uno de ellos me lo hace ver cada vez que lo percibe. Me hace burla del gesto adusto que siempre tengo, del ceño fruncido, de la mirada dura, de mi silencio a prueba de todo: bromas, anécdotas o recuerdos. Incluso, a veces, a prueba de los buenos modales.
De ahí que mi esposa diga que soy un amargado, de ahí que mucha gente cree que soy muy mamón. Y sí, las dos cosas son ciertas. Tanto que siempre tengo esa expresión de fuchi, de leve asco, de ligero hartazgo por la vida, como que soy un poco mamón.
El punto es que no he logrado tener un punto de equilibrio entre el gozo y la crítica sana a la ignorancia y la estupidez que me rodean.
Ni hablar del sinsentido que el 85% de la vida tiene. Creo que de las 16 horas que estoy consciente al día sólo valen la pena unas seis, esas en las que estoy con mi familia. El resto, en el trabajo, las paso medio en blanco, aunque siempre son muy estresantes.

29 jul. 2016

Sobre el tiempo libre (o cómo divagar ante el aburrimiento)

Siempre es la misma cuestión: ¿De no estar haciendo esto, dónde y qué harías?

Es decir, siempre, a esta hora (cualquiera que sea, observa tu reloj), sé lo que estaría haciendo de no estar aquí haciendo lo que sea que esté haciendo.

Me pasa todos los días cuando trabajo; me pasa a veces cuando juego con mi hijo, me pasa cuando hago muchas cosas como ir al supermercado o hacer filas en el banco para hacer trámites en el gobierno.

Y ahora que tengo la oportunidad de escribir a gusto, a mis anchas, he preferido ver la tele, o ver qué hay en las redes sociales. Cosas ambas que siempre me distraen, pero al mismo tiempo me hacen pensar en lo que quiero hacer... Es curioso pero es cierto.

Cuando tengo esa sensación de que bien podría estar aprovechando el tiempo haciendo otra cosa, logro un cierto nivel de pensamiento, de ideas que de otra manera simplemente no llega. Lo mismo me pasa cuando escucho a las personas que me dicen cosas que no me interesan en los más mínimo y de inmediato en mi cabeza aparecen ideas, historias, planes que me ayudan a sobrellevar esos segundos o minutos de inanición frente a desconocidos. El problema para mí es que esas ideas, buenas o malas, difícilmente regresan a mi. Son como hojuelas de oro que se lleva el viento. Absurdo, pero cierto.

Así, por ejemplo, siempre estoy pensando: "Ahora podría estar escribiendo y estaría mejor que ahora", pero luego resulta que ya tengo el tiempo, el espacio, la oportunidad para escribir y termino desperdiciando todo: tiempo y espacio. Típico.


15 jul. 2016

¿Qué buscan los depresivos?

Es decir, los que estamos deprimidos ¿qué tipo de información es la que buscamos?

Por lo general, quienes tenemos este tipo de condición, sentimos que somos los únicos que nos sentimos así. Y lo más seguro es que ni siquiera sepamos qué es lo que tenemos. Simplemente nos sentimos mal y ya. Un joven de 15 o 16 años sencillamente no se levantará de su cama, o se la pasa frente a una computadora o jugando videojuegos sin saber exactamente qué pasa. ¿Por qué no tiene ganas de salir, de ver a sus amigos y por qué tiene una tendencia casi enfermiza por huir de casa dejar atrás a los padres, a los hermanos, a los abuelos y a todo aquel que le recuerde que es una persona infeliz?

Eso es lo único que tiene claro: es una persona infeliz. No encuentra nada satisfactorio, nada de lo que hace, dice, piensa, ve, escucha, o siente le trae un mínimo placer. Es como si el cajón del bienestar se hubiera vaciado y nada de lo que intentas poner ahí lo llena.

Sí. Así es.

O al menos así me lo parece. Así lo recuerdo. Y no es que no esté deprimido ahora. De hecho lo estoy. Pero creo recordar que cuando tenía esa edad, cuando era un adolescente, era justo así como me sentía y más o menos era así como me comportaba. Pasaba todo el día frente a la consola de videojuegos, apenas comía y no tenía ganas de ver a mis amigos, mucho menos de estar con cualquier miembro de la familia o la sociedad. Odiaba a todo el mundo. 

Simplemente quería que me dejaran en paz, que el mundo rodara sin mí y yo simplemente existiera al margen de todo y de todos. Dormía mucho también. Ahora pensaría que era parte de mi crecimiento, pero ahora estoy seguro de que estaba muy deprimido. Apenas comía un poco y quería dormir. Y lo hacía. Me encerraba en mi cuarto y me dormía. A veces, más descarado, lo hacía en la sala de televisión, frente a todos. 

En mi mente, entonces y ahora, pasaban cosas tan absurdas como ese pensamiento de que no valgo nada, de que no tiene ningún sentido vivir, que la sociedad está perdida y, sobre todo, es estúpida... Sí, todos esos son pensamientos absurdos (entre muchos otros), pero poderosos. Tanto, que mucha gente se deja convencer de ellos y terminan lanzándose de un puente, tirándose a las vías del Metro, cortándose las venas o matándose poco a poco con drogas.

En esos años creía que era una persona única, que sólo yo tenía ese tipo de pensamientos, de actitudes, que era una especie de genio incomprendido. Pero nada de eso. Sólo era un adolescente deprimido y como ellos hay miles; millones en todo el mundo que pasan por lo mismo. 

Pero de eso me enteré varios años después, cuando me diagnosticaron trastorno bipolar. Pero entonces era ya un poco más grande, aunque no mucho más inteligente.

No eres el único, si es que has llegado hasta aquí, leyendo algunas de las cosas por las que pasas y por las que piensas. No, sólo estás, quizás, un poco deprimido. No es bueno, pero tampoco demasiado malo. Es algo más común de lo que crees. De hecho, es una pandemia. Hay millones que la padecen en todo el mundo y la ciencia todavía no tiene una respuesta efectiva para contrarrestarla. 

Es una pequeña maldición. Pero, como toda maldición, tiene algo de mágico, algo de intrigante que no deja de ser apasionante. De ahí que cada X tiempo regreso y escribo, regreso y tomo de nuevo el teclado y el blog. Y sí, no lo niego, necesito de esto de vez en cuando para desahogar mi depresión.