13 feb. 2016

Así en el Metro... La chispa adecuada.

11 feb. 2016

Otro Chak

Llevó varios años (perdí ya la cuenta) escribiendo con intermitencia este blog que no tiene otro fin que expresar algunas ideas y experiencias que hasta ahora han sido meramente personales y vinculadas siempre, o casi siempre con mi condición de bipolar.
Pero hay otro Chak. Trabajo, como en alguna ocasión creo que lo dije aquí, en la prensa. Estudié, o al menos terminé, la carrera de comunicación y tengo la fortuna (a veces buena, a veces no) de trabajar en un periódico. Sin embargo mis opiniones, mis reflexiones se han quedado sólo en el ámbito personal. Hasta hoy no he externado nada acerca de la realidad que envuelve al país y a esta ciudad. Así ha sido por una razón muy sencilla: tiendo a la depresión y lo que pasa en esta ciudad y en el país es sumamente desalentador.
En mi ánimo de lidiar con mi condición, he apartado esta temible y aplastante realidad. Quizás hice bien, quizás no. Me han dicho que el primer paso para que un alcohólico supere su enfermedad es aceptarla; quizás al no escribir de esta realidad, lo que he hecho es negarla un poco. Resistirme a su influencia en mi estado de ánimo probablemente ha sido más perjudicial.
No como un acto de rebelión, sino como la aceptación de esa otra parte de mi vida, comenzaré a escribir de otras cosas que no sea sólo yo y mi vida estrictamente personal. Expresaré algunas ideas y conceptos en torno a esta condición que vivo como mexicano y capitalino.

Muerte y opulencia
Son dos cosas que nos rondan. La primera no como una consecuencia natural de la vida, sino como un riesgo latente de violencia extrema, muchas veces fortuita, pero las más de ellas calculada y descarnada. La segunda, la opulencia, se restriega en el rostro de millones que padecen de carencias básicas no sólo de bienes materiales, sino de otros aspectos tan importantes como el respeto y la dignidad. No hace falta sufrir de pobreza alimentaria para sentirse ofendidos por el derroche de dinero y poder de quienes son dueños de "esta mierda", como bien podríamos llamarle a esto en donde vivimos.
Manipuladores, astutos mitómanos patológicos, oportunistas trinqueteros, abusadores compulsivos. Y no, no me refiero sólo a aquellos en el gobierno. Somos todos. Apenas se presenta una grieta, un resquicio, cualquiera se convierte en un dictador, en un corrupto en un abusador. ¿Excepciones? Las desconozco: grandes y chicos, pobres y ricos, hombres y mujeres...

1 ene. 2016

Feliz azar 2016...

Aquí vamos de nuevo con una año más. Hace unos momentos, Facebook me hizo recordar que una cosa es lo que con cada año soñamos y planeamos y otra muy distinta es lo que realmente ocurre. 
Hace dos años el primer día de 2014, recuerdo que estábamos acostados mi esposa y yo en una cama cuidando a nuestro pequeño hijo de apenas unos tres meses. Entonces más menos delineamos lo que queríamos para aquél año. No recuerdo qué fue lo que planeamos. Pero a mediados de ese año regresamos México en un giro en nuestra vida que, estoy casi seguro, no pudimos prever.
Justo ahora estoy en una situación igualmente derivada simplemente del azar. Bajo ningún escenario, ni mi esposa ni yo podíamos pensar estar en una situación tan triste y desventajosa como la que ahora pasamos. 
Los planes son buenos, pero a veces es mejor tener un protocolo de acción en casos de contingencia, para cuando todos los planes originales fallan. La opción entonces es hacer una retirada táctica, reorganizarse, apoyarse en la red de emergencia y esperar y generar mejores condiciones.
Mi plan B inició a mediados de 2015, hace unos dos meses inicié el plan B2 y veo todavía muy lejano el día en que retome mi plan A... Es muy desesperante.

25 nov. 2015

10 años bipolares

Este año, creo que por el mes de junio o julio cumplí 10 años desde que me diagnosticaron trastorno  bipolar  tipo 2. No es que quiera un pastel, que me canten las mañanitas o me den regalos. Aunque pensándolo  bien, no estaría  mal.
Más  bien pienso  en algo así  como una reflexión. Diez años son muchos y aquel Chak que recibió  la noticia era joven y sin tantas responsabilidades  y experiencias que el Chak de hoy.
Si me lo encontrara saliendo del hospital, todavía  cabizbajo y pensativo, le diría  que todo va a estar bien, que se puede vivir con esto siempre y cuando se atiendan ciertas medidas de salud.
Fácil  no será, pero después de 30 años en este planeta, estoy seguro de que  nada lo es. Ni la vida familiar, ni la vida en pareja, ni la vida laboral o académica. Nada lo es. El trastorno bipolar viene a agravar la dificultad en la vida, sí
Sin duda, pero no más que un ciego, un lisiado o alguien  con retraso mental. No lo minimizo, pero de ninguna manera me considero víctima  o mártir de absolutamente nada. Basta salir a la calle y ver que hay miles de personas que verdaderamente sufren y están discapacitadas por alguna razón.
No te preocupes mucho, le diría al Chak de hace 10 años. Cuídate, cuida mucho a las personas que amas, no les hagas daño y disfruta lo más  posible de estos años. Creo que eso le diría.
Quizás el Chak de hace 10 años me creería el 10% de las cosas que le contaría  que me han pasado. Lo bueno y lo malo, lo memorable y lo aburrido, lo saludable y lo enfermizo, las altas y las muchas, muchas bajas...
Ese Chak me miraría  confuso y escéptico. Confuso porque vería que físicamente casi no he cambiado y escéptico porque en aquel momento nada, absolutamente nada de lo que ha pasado, habitaba en su mente.
Los planes nada tienen que ver con el transcurrir de la vida, pueden guiarla, pero de ninguna manera la define. Y en aquellos años ninguno de mis planes se realizaron... bueno casi ninguno. Quizás los más generales, pero a veces ni esos.
De ahí que la reflexión a 10 años de padecer esta condición no sea un recuento de penas y malos momentos, más bien un balance de cómo la enfermedad  ha influido en el devenir de los hechos.
Con certeza no lo puedo decir, ¿quien podría hacerlo?, pero la bipolaridad ha jugado sus piezas. Para bien y para mal. Por contadas ocasiones me ha dado el ánimo y la fuerza, la entereza para enfrentar situaciones decisivas, complicadas. Me ha dado la chispa para iniciar, aunque pocas veces para terminar proyectos. Por otro lado me ha hecho perder en muchas ocasiones la mente en cosas absurdas, miedos, bloqueos que me limitan. Eso es lo que más me ha pasado y lo que más me ha pesado. La inamovilidad, la certeza absurda de que cualquier  cosa que haga estará mal hecha, la falta de valor para aceptarme y aprovechar  quien soy.
Eso no ha cambiado. Me imagino a mí mismo como un chiquillo huyendo temeroso de un enorme sujeto con capucha negra, amenazante y mortal. Diez años después ese chiquillo ha crecido muy poco.
No puedo, como ya dije, lamentarme de este padecimiento, tampoco puedo sentirme bendecido. Lo que definitivamente sí puedo es dar gracias por la vida que tengo, por las personas amadas que están  a mi lado, su paciencia  y su amor.
No sé  qué  haría si un día de estos me encontrará al Chak del futuro, al de 10 años más adelante, no sé  si quisiera escucharlo, pero estoy casi seguro de que no le creería las cosas buenas y malas que me esperan en los días por venir.

18 oct. 2015

Una simple posibilidad

Desde aquí y hasta donde puedo recordar, el miedo siempre me ha dominado. Esa es la impresión que tengo. Eso pienso. Y quizás no sea tan cierto. Triste, pero cierto, la mente me engaña con facilidad y suele ser mi peor enemigo. De ahí que tenga que pelearme conmigo, con mi esposa, con mi familia para convencerme de que no es así, de que el miedo no debe ser tan fuerte, que la voluntad tiene que sobreponerse.
Pero entonces viene el espejo, y me miro y no puedo: el miedo me vuelve a vencer.
Y me regreso a la cama y me tiro para no levantarme. Pero salgo al trabajo y lo hago con miedo, con esa idea permanente de que pronto pasará, de que llegará el momento en que no habrá más necesidad de hacerlo. Llego con miedo a la oficina y salgo de ella también con temor. Pero algo ha cambiado. No me di cuenta, no me quiero dar cuenta.
Entonces llega el fin de semana en que veo a mi psicóloga y me dice. No no me lo dice. Me lo hace ver. Me lo presenta como si fuera mi propia idea.  Pude vencer el miedo. Al menos por momentos. Cuando me levanté de la cama, cuando salí de la casa, cuando me metí al metro, cuando hice mi trabajo, cuando lo di por terminado. Primero por jornada, y luego a la semana y luego al mes. Día con día. Supongo que así se van venciendo los miedos, poco a poco, casi sin darse cuenta. Como quien escribe primero una palabra y luego otra y cuando te das cuenta llevas una página entera. Y te desahogaste y liberaste tus demonios y sentiste por una vez más el soplo de un poco de valentía.

16 oct. 2015

No voy a mentir: no me siento bien y de pronto mi vida entera parece derrumbarse

O, ya sabes, al menos eso parece... Las impresiones suelen ser más graves que las posibilidades.
 
Tengo la necesidad urgente de mudarme de la casa donde vivo. Mis vecinos no sólo no son agradables sino que son claramente peligrosos. Se dedican a vender drogas al menudeo. Tienen una narcotiendita.
 
Si solo fuera eso no habría mucho problema pues ellos tienen sus negocios y no pienso interferir. Lo malo es que consumen... Y sus amigos y vecinos también. La calle entera huele a marihuana y solvente. No es nada saludable para el crecimiento de mi  hijo, que igual puede distinguir cuando mamá o papá están tensos al entrar a la casa y pasan frente a cuatro o cinco sujetos que fuman e inhalan...
 
No es sano. No es seguro. No es relajante.
 
Llegamos a esta casa casi dos años tarde, luego de la elaboración de un plan de vida que ha cambiado radicalmente. Cuando la compramos no teníamos idea del tipo de vecinos que tendríamos, tampoco teníamos al pequeño.
 
En aquel entonces la idea era poner un negocio, dejar de ser empleados y comenzar una empresa juntos.
 
Poco más de dos años después la situación ha cambiado. El pequeño modifica los ritmos de vida, las prioridades y los gastos. Yo quisiera ganar el doble de lo que gano y trabajar la mitad. Quisiera tener un barril lleno de billetes e invertirlos en el negocio. Renunciar a mi trabajo, despedirme para siempre de mis jefes, del medio hipócrita y engañoso que me da de comer...
 
Y ese es el plan. Otra mudanza, otra aventura. Un salto al vacío. Un giro de 180 grados.
 
Tendré que brincar, de nuevo, pero ahora sosteniendo con una mano a mi esposa y con la otra a mi hijo. Somos un equipo. Así lo he visto desde siempre, desde antes que él naciera, desde que estábamos esperándolo. Hay que moverse, hay que iniciar la acción, no quedarse inmóviles, no permanecer, no quedarse, no conformarse. Planear, visualizar, prepararse e ir paso a paso. Tener una meta clara... Al menos quiero pensar que así deben ser las cosas. 
 
Y ante el panorama del inminente cambio, viene el miedo, el terror, la innegable incertidumbre, la dificultad y el sufrimiento que se avecina, que se deja ver a lo lejos, como una enorme nube de tormenta que se recorta en el cielo azul. Inmensa, amenazante, pero al mismo tiempo inexorable, inevitable.
 
Quisiera dejarle al tiempo la decisión del porvenir. Quisiera dejar en prenda mi fe y olvidarme del futuro. Sentarme a ver qué pasa, confiar en que la suerte me dará una buena cara y que todo se resolverá. Pero sé que eso no solo no pasará, sino que es un lujo que no puedo darme cuando hay dos almas que cuentan conmigo...
 
No, la suerte no tiene cabida en esta ecuación. 
 
Pero la fantasía sí. Por eso escribo, por eso imagino, por eso sueño. Por eso cierro los ojos en las noches, y a veces, cuando logro recordarlo, miro a mi derecha y veo ese barril rebosante de billetes. Vengan a mi.

18 jun. 2015

¿Dejé a mi psiquiatra en una caja?

La mudanza ha sido un desmadre. Todo: de principio a fin.  Bueno, el viaje no, de hecho fue muy tranquilo, pero apenas llegué a mi departamento, supe que serían largos días con muchos gastos económicos y emocionales.
 
Llevo una semana aquí y la mitad de nuestras cosas siguen regadas por esta miniatura de casa.  Para encontrar mi cepillo de dientes fue un búsqueda de horas, mi vecino se droga en la calle, en las mañanas en las calles se ven prostitutas y prostitutos que regresan de trabajar, no tenemos cocina, el cuarto de mi hijo huele a caca de perro y no tengo trabajo. 
 
Lo que tengo, y mucho, es miedo.

26 may. 2015

Me despidieron

Duré casi siete años es este trabajo.  Es en el que más tiempo he durado, el que más  me ha exigido, el que más  disfruté, en el que más crecí  profesional  y personalmente y el que,  al final,  resultó  ser también el más decepcionante. 

Pero así  es la vida. Nada es para siempre,  no tenemos asegurada la vida para mañana y la chamba tampoco es una certeza universal. Lo que ahora me pone a mí y a mi familia en una situación precaria y novedosa. 

Hacia poco más de 8 años que no estaba desempleado. Aquella ocasión no tenía hijo,  prácticamente me acababa de casar, y no había tenido  las experiencias que ahora  tengo. Creo que estaba en desventaja.

Hoy las cosas son muy diferentes. Tengo, quizás, más  estabilidad emocional, una experiencia tanto de vida como profesional que me permite tener un poco más  de seguridad y de tranquilidad frente al futuro.

No lo niego: tengo temor y expectativa frente a lo que pueda suceder, me preocupa la situación  económica de la familia, pero, por alguna razón, sé que se arreglará sin tanto sufrimiento.

Por ahora estoy un poco varado en esta casa, en esta ciudad, esperando a que me resuelvan mi estatus frente a algunas cuestiones, pero una vez que se resuelvan a mi favor o en mi contra, podré partir rumbo al futuro... Cualquiera que este sea.

8 may. 2014

De vuelta al psiquiatra

Hoy no fui a trabajar. La razón: estoy deprimido. No lo quería ver, pero es cierto. Llevaba días con una energía tan baja que apenas me daba para levantarme, medio trabajar y regresar a casa. Nada más. En la oficina estoy más distraído y ausente que nunca. No sé dónde estoy, ni para qué estoy ahí. Es la historia de siempre. 

Pero no quería aceptarlo. Quería pensar que con un buen descanso las cosas iban a mejorar. Si como más nueces y unas pastillas de DHA todo irá mejor. Mentira. Llegué de nuevo a un extremo en el que mi esposa me sacude dolorosamente para enviarme directo al pisquiatra.

Yo no quiero ir. Voy a perder tiempo y dinero. Sobre todo dinero. En esta isla bajo el dominio del dolar todo es muy caro y la salud es un negocio millonario. No quiero ir, pero es necesario.

Mi vida parece estar de nuevo al borde de un vuelco, de otro cambio radical, de nuevos retos profesionales y personales y no me puedo dar el lujo de llegar a ese puerto medio dormido, sin ganas de nada y con la cabeza vacía. Por que es así como me siento. Vacío.

Pero eso ya se sabe. Así es la depresión. Uno sabe que está vivo por el hambre, el calor o el frío, pero por dentro uno siente la nada que se apodera de una mente liviana y endeble.

Y muy allá, con unos poderosos gritos y una sonrisa infalible, está mi pequeño hijo que hoy cumple ocho meses. Que me exige tanta atención, que me da tanta satisfacción y me provoca un amor tan y tan profundo... El chamaquito es un encanto que cada vez que me sonríe, siento rompo el cielo.

Por eso no me puedo dejar caer. Por él y por mi esposa que se empeña tanto en no dejarme, en amarme y soportar mis altibajos... Este año cumplimos nueve años de casados. Y no ha habido uno de ellos en que no tengamos problemas por mi enfermedad. En serio me ama (espero).

El lunes, de nuevo al doctor, a revivir viejos episodios, a explicar mi condición y a rogar que las medicinas no sean tan caras... Espero que al menos tengan buen efecto.

1 ene. 2014

2014, ahí voy...

Comienzo este 2014 haciendo tres de las cosas que más disfruto en la vida: escribir, platicar con mi esposa y salir a pasear por la ciudad. Solo me faltó trabajar, pero eso ya lo hago mañana y no pararé en todo el año.

Si 2013 fue un año lleno de cosas buenas, espero que 2014 sea todavía mejor. Al menos para ser el primer día,  fue muy bueno.

Para este año,  como para muchos de los anteriores, no tengo propósitos específicos.  Solo tengo en mente un par de cosas con las que estoy comprometido: terminar de escribir las historias que estoy trazando e intentar publicar más. Eso por el lado de la escritura.

En lo personal intentaré retomar la terapia psiquiátrica, aunque depende mucho de mi condición economica y de salud...

Como sea, creo que será un gran año. Espero que para ti también lo sea.