23 sep. 2016

Olvidos bipolares


En qué pensaba hace tan sólo un segundo atrás. No lo sé. Se me olvidó apenas pensé en escribirlo. En serio, se me olvidó para que empecé a escribir. Me pasa todo el tiempo. Siempre.


Me estoy bañando y pienso en lo que voy a hacer durante el resto del día, y apenas cierro la llave y todo se me borra.


Por buenas o malas que sean las ideas, todas se me escapan. Es una especie de maldición, una disfunción de mi cerebro que se resetea cada dos minutos, haga falta o no. Y si pude tener una chispa, como supongo a muchos les pasa, de pronto estoy totalmente en blanco.Cierro la llave de la regadera y ya no sé qué sigue. Miro a todas partes y trato de rehacer los pensamientos, la línea que llevaba, el camino que creí haber trazado.Y así todo el día, en todo momento. En el trabajo si no anotó cada una de las instrucciones, planes, procesos, simplemente se me olvidan.Y en la familia, igual. Apenas mi esposa empieza a pedirme cosas en el super, lo tengo que anotar, si no, pasan al cajón del olvido.Estas líneas comenzaron con una idea totalmente diferente a esto, pero decidí cambiar el plan, como pasa con mi vida cada vez que la ruta es bloqueada, interrumpida o interceptada por cualquier cosa que me desvíe. Algo normal en los últimos 15 años.


Lo que menos me gusta de esta circunstancia es que cuando logro retomar el hilo, cuando hallo el camino que tenía fijado antes de perderme en mis propios pensamientos, entonces me doy cuenta de que en realidad no era tan buena idea, no es lo que realmente quería, no es lo que verdaderamente quería. 


Es una pena, una pérdida de tiempo, energía y ánimo enorme y lamentable.

13 sep. 2016

Sí, soy un amargado

Hablábamos hace unos días o meses, el tiempo me parece tan diluido, que en términos generales, estoy amargado.
No es algo muy raro. Es muy posible que así sea.
He pasado de ser una persona medianamente inteligente a una muy metida en su propia desgracia.
Y ni hablar de la pérdida del disfrute.
Mi poca posibilidad de gozar de la vida se hace patente en cada momento. Mi jefe, o al menos uno de ellos me lo hace ver cada vez que lo percibe. Me hace burla del gesto adusto que siempre tengo, del ceño fruncido, de la mirada dura, de mi silencio a prueba de todo: bromas, anécdotas o recuerdos. Incluso, a veces, a prueba de los buenos modales.
De ahí que mi esposa diga que soy un amargado, de ahí que mucha gente cree que soy muy mamón. Y sí, las dos cosas son ciertas. Tanto que siempre tengo esa expresión de fuchi, de leve asco, de ligero hartazgo por la vida, como que soy un poco mamón.
El punto es que no he logrado tener un punto de equilibrio entre el gozo y la crítica sana a la ignorancia y la estupidez que me rodean.
Ni hablar del sinsentido que el 85% de la vida tiene. Creo que de las 16 horas que estoy consciente al día sólo valen la pena unas seis, esas en las que estoy con mi familia. El resto, en el trabajo, las paso medio en blanco, aunque siempre son muy estresantes.

29 jul. 2016

Sobre el tiempo libre (o cómo divagar ante el aburrimiento)

Siempre es la misma cuestión: ¿De no estar haciendo esto, dónde y qué harías?

Es decir, siempre, a esta hora (cualquiera que sea, observa tu reloj), sé lo que estaría haciendo de no estar aquí haciendo lo que sea que esté haciendo.

Me pasa todos los días cuando trabajo; me pasa a veces cuando juego con mi hijo, me pasa cuando hago muchas cosas como ir al supermercado o hacer filas en el banco para hacer trámites en el gobierno.

Y ahora que tengo la oportunidad de escribir a gusto, a mis anchas, he preferido ver la tele, o ver qué hay en las redes sociales. Cosas ambas que siempre me distraen, pero al mismo tiempo me hacen pensar en lo que quiero hacer... Es curioso pero es cierto.

Cuando tengo esa sensación de que bien podría estar aprovechando el tiempo haciendo otra cosa, logro un cierto nivel de pensamiento, de ideas que de otra manera simplemente no llega. Lo mismo me pasa cuando escucho a las personas que me dicen cosas que no me interesan en los más mínimo y de inmediato en mi cabeza aparecen ideas, historias, planes que me ayudan a sobrellevar esos segundos o minutos de inanición frente a desconocidos. El problema para mí es que esas ideas, buenas o malas, difícilmente regresan a mi. Son como hojuelas de oro que se lleva el viento. Absurdo, pero cierto.

Así, por ejemplo, siempre estoy pensando: "Ahora podría estar escribiendo y estaría mejor que ahora", pero luego resulta que ya tengo el tiempo, el espacio, la oportunidad para escribir y termino desperdiciando todo: tiempo y espacio. Típico.


15 jul. 2016

¿Qué buscan los depresivos?

Es decir, los que estamos deprimidos ¿qué tipo de información es la que buscamos?

Por lo general, quienes tenemos este tipo de condición, sentimos que somos los únicos que nos sentimos así. Y lo más seguro es que ni siquiera sepamos qué es lo que tenemos. Simplemente nos sentimos mal y ya. Un joven de 15 o 16 años sencillamente no se levantará de su cama, o se la pasa frente a una computadora o jugando videojuegos sin saber exactamente qué pasa. ¿Por qué no tiene ganas de salir, de ver a sus amigos y por qué tiene una tendencia casi enfermiza por huir de casa dejar atrás a los padres, a los hermanos, a los abuelos y a todo aquel que le recuerde que es una persona infeliz?

Eso es lo único que tiene claro: es una persona infeliz. No encuentra nada satisfactorio, nada de lo que hace, dice, piensa, ve, escucha, o siente le trae un mínimo placer. Es como si el cajón del bienestar se hubiera vaciado y nada de lo que intentas poner ahí lo llena.

Sí. Así es.

O al menos así me lo parece. Así lo recuerdo. Y no es que no esté deprimido ahora. De hecho lo estoy. Pero creo recordar que cuando tenía esa edad, cuando era un adolescente, era justo así como me sentía y más o menos era así como me comportaba. Pasaba todo el día frente a la consola de videojuegos, apenas comía y no tenía ganas de ver a mis amigos, mucho menos de estar con cualquier miembro de la familia o la sociedad. Odiaba a todo el mundo. 

Simplemente quería que me dejaran en paz, que el mundo rodara sin mí y yo simplemente existiera al margen de todo y de todos. Dormía mucho también. Ahora pensaría que era parte de mi crecimiento, pero ahora estoy seguro de que estaba muy deprimido. Apenas comía un poco y quería dormir. Y lo hacía. Me encerraba en mi cuarto y me dormía. A veces, más descarado, lo hacía en la sala de televisión, frente a todos. 

En mi mente, entonces y ahora, pasaban cosas tan absurdas como ese pensamiento de que no valgo nada, de que no tiene ningún sentido vivir, que la sociedad está perdida y, sobre todo, es estúpida... Sí, todos esos son pensamientos absurdos (entre muchos otros), pero poderosos. Tanto, que mucha gente se deja convencer de ellos y terminan lanzándose de un puente, tirándose a las vías del Metro, cortándose las venas o matándose poco a poco con drogas.

En esos años creía que era una persona única, que sólo yo tenía ese tipo de pensamientos, de actitudes, que era una especie de genio incomprendido. Pero nada de eso. Sólo era un adolescente deprimido y como ellos hay miles; millones en todo el mundo que pasan por lo mismo. 

Pero de eso me enteré varios años después, cuando me diagnosticaron trastorno bipolar. Pero entonces era ya un poco más grande, aunque no mucho más inteligente.

No eres el único, si es que has llegado hasta aquí, leyendo algunas de las cosas por las que pasas y por las que piensas. No, sólo estás, quizás, un poco deprimido. No es bueno, pero tampoco demasiado malo. Es algo más común de lo que crees. De hecho, es una pandemia. Hay millones que la padecen en todo el mundo y la ciencia todavía no tiene una respuesta efectiva para contrarrestarla. 

Es una pequeña maldición. Pero, como toda maldición, tiene algo de mágico, algo de intrigante que no deja de ser apasionante. De ahí que cada X tiempo regreso y escribo, regreso y tomo de nuevo el teclado y el blog. Y sí, no lo niego, necesito de esto de vez en cuando para desahogar mi depresión.

28 abr. 2016

Al psiquiatra y sin antidepresivos

Entré de nuevo en una especie de espiral de depresión. No me podía levantar, no me reconocía en el espejo, pensaba en tirarme del puente cada día que lo atravesaba, no le encontraba mayor sentido a la vida... Lo de siempre, lo de cada vez que me pasa la depresión encima.


En esta ocasión, tenía la nueva variable de no tener mucho dinero para las pastillas, además de tener la presión de mantener a mi familia, con un hijo, además, que requiere de mucha atención. Fui con la psiquiatra con la intención de desahogarme, sí, pero también con la idea de que me recetara pastillas para sentirme menos mal, por no aspirar a sentirme bien.


Mi sorpresa fue que se negó a darme la receta para comprar pastillas. Me dijo que no quería tenerme medio adormecido en este periodo que ella considera importante para mí y mi hijo. Además de que la medicina siempre es más cara y eso conlleva a más estrés y más depresión. Es un círculo bastante difícil de romper. Al menos para mí que no gano mucho dinero.

Pero me recetó unas vitaminas. El costo es ligeramente menor, aunque no mucho. Y el resultado ha sido si no mágico, sí satisfactorio, pues aunque no me quita la depresión, al menos me permite trabajar con cierta libertad.


Me he podido levantar sin tantos problemas, he podido concentrarme en el trabajo, he podido leer entendiendo casi todo a la primera lectura y en general no me he sentido soñoliento, como seguramente me hubiera sentido con las pastillas de siempre.


Todavía me hace falta tomar otra pastilla que me recetó y que no he comprado básicamente por falta de ganas. A penas hoy, casi dos semanas después de que me las recetó, pregunté en la farmacia por ellas. Me las entregan la próxima semana. Ya veré qué efectos nuevos tienen las dichosas pastillas. Espero que me sirvan, que me hagan sentir menos estúpido, más concentrado. Al menos eso, ya que sé que la felicidad, la tranquilidad, eso es imposible de tener por cualquier pastilla.

17 feb. 2016

Así en en Metro como en la calle

La toma del puente.

9:30 am El ejército de oriente, notablemente más voluminoso e integrado por hombres y mujeres vestidos y dispuestos para batirse con tal de llegar a tiempo a la oficina, madres apuradas con niños adormilados y alguno que otro obrero, tenía todas las ventajas para hacerse del paso en la estación Barranca del muerto.
En el lado poniente, eran unos cuantos los que pretendían cruzar el paso sobre las vías: algunas familias ociosas, estudiantes de pinta, y uno que otro retardado con muy poca paciencia. Pero tenían una ventaja. Al frente del contingente, lenta, muy lenta, iba una anciana que bajaba penosamente por las escaleras ayudada por una andadera y alguna amiga ligeramente menos anciana.
El ejército de oriente, conmovido con aquel vetusto ariete humano, se abrió mansamente.

11 feb. 2016

Otro Chak

Llevó varios años (perdí ya la cuenta) escribiendo con intermitencia este blog que no tiene otro fin que expresar algunas ideas y experiencias que hasta ahora han sido meramente personales y vinculadas siempre, o casi siempre con mi condición de bipolar.
Pero hay otro Chak. Trabajo, como en alguna ocasión creo que lo dije aquí, en la prensa. Estudié, o al menos terminé, la carrera de comunicación y tengo la fortuna (a veces buena, a veces no) de trabajar en un periódico. Sin embargo mis opiniones, mis reflexiones se han quedado sólo en el ámbito personal. Hasta hoy no he externado nada acerca de la realidad que envuelve al país y a esta ciudad. Así ha sido por una razón muy sencilla: tiendo a la depresión y lo que pasa en esta ciudad y en el país es sumamente desalentador.
En mi ánimo de lidiar con mi condición, he apartado esta temible y aplastante realidad. Quizás hice bien, quizás no. Me han dicho que el primer paso para que un alcohólico supere su enfermedad es aceptarla; quizás al no escribir de esta realidad, lo que he hecho es negarla un poco. Resistirme a su influencia en mi estado de ánimo probablemente ha sido más perjudicial.
No como un acto de rebelión, sino como la aceptación de esa otra parte de mi vida, comenzaré a escribir de otras cosas que no sea sólo yo y mi vida estrictamente personal. Expresaré algunas ideas y conceptos en torno a esta condición que vivo como mexicano y capitalino.

Muerte y opulencia
Son dos cosas que nos rondan. La primera no como una consecuencia natural de la vida, sino como un riesgo latente de violencia extrema, muchas veces fortuita, pero las más de ellas calculada y descarnada. La segunda, la opulencia, se restriega en el rostro de millones que padecen de carencias básicas no sólo de bienes materiales, sino de otros aspectos tan importantes como el respeto y la dignidad. No hace falta sufrir de pobreza alimentaria para sentirse ofendidos por el derroche de dinero y poder de quienes son dueños de "esta mierda", como bien podríamos llamarle a esto en donde vivimos.
Manipuladores, astutos mitómanos patológicos, oportunistas trinqueteros, abusadores compulsivos. Y no, no me refiero sólo a aquellos en el gobierno. Somos todos. Apenas se presenta una grieta, un resquicio, cualquiera se convierte en un dictador, en un corrupto en un abusador. ¿Excepciones? Las desconozco: grandes y chicos, pobres y ricos, hombres y mujeres...

1 ene. 2016

Feliz azar 2016...

Aquí vamos de nuevo con una año más. Hace unos momentos, Facebook me hizo recordar que una cosa es lo que con cada año soñamos y planeamos y otra muy distinta es lo que realmente ocurre. 
Hace dos años el primer día de 2014, recuerdo que estábamos acostados mi esposa y yo en una cama cuidando a nuestro pequeño hijo de apenas unos tres meses. Entonces más menos delineamos lo que queríamos para aquél año. No recuerdo qué fue lo que planeamos. Pero a mediados de ese año regresamos México en un giro en nuestra vida que, estoy casi seguro, no pudimos prever.
Justo ahora estoy en una situación igualmente derivada simplemente del azar. Bajo ningún escenario, ni mi esposa ni yo podíamos pensar estar en una situación tan triste y desventajosa como la que ahora pasamos. 
Los planes son buenos, pero a veces es mejor tener un protocolo de acción en casos de contingencia, para cuando todos los planes originales fallan. La opción entonces es hacer una retirada táctica, reorganizarse, apoyarse en la red de emergencia y esperar y generar mejores condiciones.
Mi plan B inició a mediados de 2015, hace unos dos meses inicié el plan B2 y veo todavía muy lejano el día en que retome mi plan A... Es muy desesperante.